MI VÍNCULO CON OTUZCO

(Al celebrarse su fiesta patronal a la Virgen de la Puerta)

Dr. Javier Delgado Benites (*)

Al finalizar marzo, cuando me contrataron para trabajar como docente en el Instituto Superior Pedagógico Público “Nuestra Señora de la Asunción” en Otuzco, dicha institución superior tuvo como primer director en 1964 al renombrado maestro de Santiago de Chuco el normalista Alfredo Geldres Calderón, quien es recordado y dejó huellas en sus discípulos que estudiaron en esos años.

Un día jueves me llamaron por teléfono a mi casa para ir a recoger mi memorándum de posición de cargo, en ese instante aliste mi mochila dentro de ella llevaba una toalla y algunas cositas necesarias para el viaje, que se hacía en tres horas por la carretera que era como trocha, llegué en la tarde como las tres y media, estaba nublado y con indicios de llover, me acerqué a dicha casa superior, entre a conversar con la secretaria, me hice presente, quien amablemente me hizo tomar asiento, mientras se acercó a un estante para sacar un folder y de ahí entregarme el memorándum de posición de cargo, me entregó y me hizo firmar el cargo, lo agradecí y me indicó que el día lunes esté presente para iniciar a trabajar. En esos instantes era algo satisfactorio y tan pronto salí de dicha casa superior empezó la lluvia, me dirigí a la plaza de armas para conocer, era la primera vez que visitaba, luego caminé con destino al paradero de carros a esperar el ómnibus para regresar a Trujillo, cosa que no se dio, en esos instantes me encontré con mi primo Humberto Benites, que también iba trabajar en el colegio Simón Bolívar de dicha ciudad, justamente quería también regresar a Trujillo, decidimos tomar un auto que nos lleve hasta el desvió de Otuzco, para luego tomar algún ómnibus que venga de alguna parte de la sierra, en esos instantes pasó un camión vacío y lo hablamos al chofer para que nos lleve a Trujillo, accedió el pedido y nos cobró cómodo, subimos, éramos los dos pasajeros en el camión, la lluvia se intensificó, el camión estaba con su carpa, no teníamos problemas en viajar, no pasó ni 15 minutos de viaje, el camión se detuvo tras de otros carros, se bajó el chofer averiguar que pasaba, se da con grata sorpresa, que la catarata Sanchicón había aumentado su caudal y no dejaba pasar a ningún carro, tanto de ida como de venida.

Llegó el chofer a decirnos, que esperemos una media hora, hasta que baje el caudal, en esos instantes la lluvia seguía, nosotros con mi primo, nos pusimos a conversar, la noche se iba intensificando, la media hora pasó y ningún carro se movía, el chofer fue averiguar y decían que las 8 de la noche va a bajar el caudal, bueno nos resignamos a continuar en el camión, era difícil regresar a Otuzco, porque estaba oscuro, decidimos tirar cada uno nuestras toallas al piso de la carrocería y descansar, con la esperanza de pasar, llegó la hora indicada ningún carro se movía, nos resignamos quedarnos en el camión, con la pequeña esperanza de que cualquier hora pasar, nos dormimos, el frio nos despertaba en la noche, la lluvia había parado al amanecer, hasta que al fin amaneció, era las 5 de la mañana y ningún carro se había movido, la novedad era que la catarata había hecho un forado en el puente que no dejaba que ningún carro pase, al escuchar esa noticia, con mi primo decidimos emprender viaje caminando, cargamos nuestra mochilas, con la esperanza que ojala arreglen y por ahí algún carro nos pueda recoger conforme avancemos, el camino era barro, felizmente estábamos los dos con zapatos planta de jebe, que resistía el atolladero, en cada cierto tiempo lo limpiábamos con el palo de eucalipto que llevamos cada uno. Pasábamos por algunas casitas, la gente no salía, a veces tratábamos de cruzar por alguna chacra para avanzar más rápido, llegamos al pueblito de Samne, donde descansamos un instante, ahí pudimos ver sol que resplandecía las chacras de piña, caña, seguimos caminando, íbamos conversando sobre la Educación en nuestro país, todo el largo trayecto de cinco horas hasta Shirán, al llegar pudimos tomar agua y luego tomar el carro para que nos lleve a Trujillo, que dentro de media hora estuvimos con nuestro seres queridos, esperando retornar el día domingo en la tarde para hacernos presente en nuestro nuevo trabajo.

Desde esa fecha para adelante fue mi vinculación con Otuzco, donde conocí, buenos amigos en el trabajo, que los llevo en el recuerdo, con mucha anécdota y logro en experiencia en el mundo de la docencia en educación superior, también dejé a muchos de mis discípulos, que ahora los sigo y me orgullece verlo que siguen nuestro camino de forjarse como profesionales y obtener los grados académicos que su maestro los logró con mucho esfuerzo. También me vínculo con la Virgen de la Puerta, que cada año lo visito tres o cuatro veces al año.

(*) Doctor en Educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra y docente universitario.

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