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EL CERRO MOGASH Y LA LEYENDA DEL COJO ROSALES EN SANTIAGO DE CHUCO

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Dr. Javier Delgado Benites (*) Entre cerros añejos y silencios profundos, el Mogash se alza como un guardián de piedra que observa el paso del tiempo. En sus sombras habitan las voces del miedo y la memoria, donde la naturaleza y la creencia se confunden. Allí, entre agua y roca, nace la leyenda del Cojo Rosales. El cerro Mogash se encuentra en la parte alta del caserío de Retambo (Quiruvilca). Es una formación rocosa alta y de gran tamaño. Al pie del mismo cerro cruza el canal de agua potable que conduce el líquido elemento para abastecer a la ciudad de Santiago de Chuco. Dicho canal antiguamente se llamaba acequia Mogash o San Antonio y actualmente es conocido como canal Vicente Jiménez. Los lugareños cuentan que en el cerro Mogash se aparece una persona a la que identifican como el diablo, a quien suelen llamar el Cojo Rosales. Dicen que lo han visto salir del cerro Mogash y caminar, apoyado en su bastón, por el borde del canal de agua potable que pasa al pie del cerro. Camina cojea...

EL BANDOLERO FACUNDO RODRÍGUEZ, MITO POPULAR DE SANTIAGO DE CHUCO

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Dr. Javier Delgado Benites (*) En las alturas de Santiago de Chuco donde el silencio guarda viejas heridas y el viento repite nombres olvidados, nacen historias que no se escribieron en los libros, sino en la memoria del pueblo. Allí, entre caminos de polvo y sombras de injusticia, surgió una figura que desbordó la ley para habitar el mito. Facundo Rodríguez fue uno de esos nombres que el tiempo se negó a borrar. Facundo Rodríguez, nacido en el caserío de Muchucayda, en Santiago de Chuco, La Libertad, fue uno de los bandoleros más emblemáticos de la provincia y una figura que trascendió la criminalidad para convertirse en un mito popular.   Provenía de una familia modesta, subyugada como peón de los terrenos de las haciendas. Desde niño creció siendo testigo de la humillación que los hacendados ejercían sobre sus padres, familiares y el campesinado en general, hecho que lo marcó profundamente. Aquellas experiencias dieron un giro radical a su vida y lo llevaron a buscar venganza. C...

LA VOZ DEL AGUA EN LAS QUEBRADAS DE SANTIAGO DE CHUCO

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Dr. Javier Delgado Benites (*) El agua, paciente y silenciosa, aprende a trazar su historia en Santiago de Chuco. Entre cerros y pampas va diseñando heridas antiguas que el tiempo no cierra. Así nacen las quebradas, como una memoria líquida que despierta cuando el cielo decide hablar. Las quebradas en Santiago de Chuco y en la sierra del país son grietas profundas y estrechas formadas entre cerros, por donde generalmente circulan riachuelos, arroyos o pequeños cauces de agua. Suelen tener pendientes pronunciadas y se originan por la acción erosiva del agua a lo largo del tiempo. Cuando en invierno, entre enero y marzo, se activan las quebradas, los más afectados fueron los arrieros, las pastoras y los caminantes. Estos hilillos de agua que, a campo traviesa, cruzan la pampa o que, cantarinos, se descuelgan por las laderas, se transforman, cuando las nubes se desmelenan furiosamente en torrenciales y rugientes avalanchas de agua morena, rubia o cristalina. Más de un imprudente perdía la...

MI TÍA MARGARITA GELDRES, PRESENCIA VIVA DE MI INFANCIA

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Dr. Javier Delgado Benites (*) La memoria es como un pan recién salido del horno, basta abrirla para que el aroma del pasado vuelva a llenar la casa. En ella habitan voces antiguas, pasos lentos y manos buenas que ya no están, pero que siguen acompañándonos. Así, entre recuerdos sencillos y gestos silenciosos, aparecen las personas que marcaron nuestra infancia sin saberlo. Una de ellas fue mi tía Margarita. Mi padre, cuando yo era niño, me contaba mientras almorzábamos o merendábamos sobre mi tía Margarita Geldres Rebaza, que era su tía. Ella estuvo casada con el señor Modesto Castillo, y tuvieron siete hijos: cinco varones y dos mujeres. Mi padre decía que su esposo era un buen zapatero, que trabajó duro para educar a sus hijos y lograr que fueran profesionales; la mayoría de ellos fueron profesores. Me contaba también que era una tía muy buena y que, cuando mi padre era niño, ella siempre estaba pendiente de él y de sus hermanos, llevándoles pan y otras cosas que consideraba necesar...

LAS PENCAS ES UN ÁLBUM NATURAL DE RECUERDOS DE AMOR EN SANTIAGO DE CHUCO

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Dr. Javier Delgado Benites (*) La flora de Santiago de Chuco es muy diversificada. Hay una planta silvestre que abunda en toda la campiña y que acapara, acaso sin que nos percatemos demasiado, partes colosales de nuestra simpatía. Las personas del pueblo, como los niños, la consideran un amigo; los campesinos, un guardián vigilante de sus sementeras; los artistas, un motivo indispensable del paisaje serrano; y los enamorados suelen escribir en sus hojas las confidencias más sentidas de sus edictos amorosos. Esta planta silvestre es la penca, que crece por doquier, tanto en la tierra fértil como en el suelo árido. Pero, aparte de todo ello, la penca es un álbum natural abierto, donde los caminantes inscriben sus recuerdos, sus quejas, sus desahogos y sus preocupaciones. Sus hojas aplanadas, espaciosas y lisas, de un gris verdoso semejante al del eucalipto tierno, cubiertas por una cutícula translúcida, se dejan rasguñar fácilmente con cualquier objeto punzante, inclusive con su propia e...

MI TÍO PANCHITO MIÑANO Y EL REGALO DE LA ESCULTURA DE CÉSAR VALLEJO DE DOS PERFILES

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Dr. Javier Delgado Benites (*)   Hay personas que se quedan sembradas en la tierra como árboles antiguos, sus raíces no se ven, pero sostienen la memoria del pueblo. Habitan en los gestos, en la palabra compartida, en el barro que toma forma. Así recuerdo a mi tío Panchito, como un guardián del tiempo.   Mi tío Panchito Miñano Benites fue un connotado maestro e investigador del poeta César Vallejo en Santiago de Chuco, así como de las tradiciones y costumbres, arqueología, injertos, música y otros temas vinculados a su lar natal.   En el año 2006, cuando publiqué mi primer libro titulado “ César Vallejo, docente y estudiante” , visité su casa en Santiago de Chuco antes de presentarlo, en el mes de mayo, durante el Encuentro Cultural Capulí, Vallejo y su Tierra.   Recuerdo que llegué a su casa, toqué la puerta, me hicieron pasar y lo encontré realizando unas esculturas en barro. Lo saludé. -       Buenos días, tío -me acerqué a darle un abraz...