WÁLTER ROMERO RUIZ EL PINTOR DE ALMA ANDINA DE SANTIAGO DE CHUCO

(Homenaje póstumo a su trayectoria artística)

Dr. Javier Delgado Benites (*)

 

La memoria de los pueblos se parece a un lienzo antiguo, en él permanecen los colores de quienes, con paciencia y talento, pintaron la identidad de su tierra. Algunos artistas no solo dejan cuadros, sino también caminos abiertos para las generaciones que vienen detrás. En la historia cultural de Santiago de Chuco y Trujillo, uno de esos nombres es el del pintor y maestro Walter Romero Ruiz, cuya vida estuvo marcada por el arte, la enseñanza y el profundo amor por la raíz andina.

 

Walter Romero Ruiz nació en Santiago de Chuco en 1945 y falleció en Trujillo en el año 2007. Fue hijo del recordado pintor y fotógrafo santiaguino Sirinán Romero y de la señora Ruiz. Su padre laboró en la recordada “Fotografía Burgos”, ubicada en el jirón José de Orbegoso, en la esquina de la Plaza de Armas de Trujillo, muy cerca de la catedral.



Realizó estudios de Derecho y Educación en la Universidad Nacional de Trujillo, y de Pintura en la Escuela Superior de Bellas Artes de Trujillo, bajo la dirección del maestro Pedro Azabache Bustamante.

 

Durante su formación como artista plástico compartió enseñanzas con destacados pintores que fueron sus maestros, entre ellos Pedro Azabache, Eladio Ruiz Cerna -este último también su paisano-, así como Eduardo Urquiaga Morillo, igualmente santiaguino, además de Pío Ángel Muñoz, Demetrio Saldaña, Alcides Zuloaga y María Ávila Vega.

 

En el año 1968 obtuvo el segundo puesto en el concurso nacional de las Escuelas Regionales de Bellas Artes del Perú con su obra “Paisaje”.

 

En 1976 viajó a Chile para perfeccionarse en la enseñanza artística dirigida a niños, y en 1980 se especializó en la enseñanza de la plástica para niños con habilidades diferentes.

 

Luego de culminar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Trujillo, pasó a formar parte de la plana docente de la misma institución, llegando a desempeñarse como director en los periodos 1981–1982 y 1995–1999.

 

Esa etapa de la Escuela Superior de Bellas Artes de Trujillo estuvo marcada por la influencia del entonces director Walter Romero Ruiz, quien supo imponer una sana mezcla de rigor académico y libertad creativa entre los estudiantes, logrando consolidar una verdadera “época de oro” en dicha institución por la calidad de artistas y docentes que se formaron entonces y que hoy destacan en el ámbito cultural.



Asimismo, impartió docencia en otras instituciones educativas de Trujillo. Se caracterizó por ser un gran motivador y un elemento dinamizador en la proyección de la Escuela de Bellas Artes hacia la comunidad trujillana.

 

Su don de gente de bien y su personalidad afable y generosa le granjearon prontamente la simpatía no solo entre la plana docente, sino, sobre todo, entre los alumnos, quienes aún conservan entrañables recuerdos de sus enseñanzas, tanto en el arte como en la vida.

 

Romero Ruiz, motivado por el indigenismo -movimiento liderado en nuestro medio por sus maestros Pedro Azabache Bustamante y Eladio Ruiz Cerna- buscó, a través de líneas y colores, revelar y transmitir al espectador una profunda exaltación plástica y estética.

 

La temática de su obra se inscribe dentro de la tradición de la plástica trujillana del siglo XX, influenciada por su formación clásica y por el entorno andino de su tierra natal. En sus cuadros intentó reivindicar la identidad americana y peruana en medio de los procesos de aculturación. Sus temas reflejan costumbres que constituyen testimonios de su tiempo y de su espacio. Sus óleos se caracterizan por su colorido andino y por un notable dominio de la composición.

 

En octubre de 2018 se inauguró una exposición en homenaje póstumo al pintor Walter Máximo Romero Ruiz, titulada “El orden del camino”, en la sala José Sabogal de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad. La sala se vistió de gala la noche del viernes para rendir homenaje al artista plástico por su trabajo y por su gran valía como profesor e impulsor de las artes en Trujillo.

 

En aquella ocasión también se destacó la personalidad afable y generosa del pintor Walter Romero, cualidades con las que se ganó el respeto y la simpatía de la plana docente de la Escuela de Bellas Artes de Trujillo y, sobre todo, el cariño de sus alumnos.

 

Como ocurre con los buenos maestros, su obra no terminó con el último trazo de sus pinceles. Sus enseñanzas siguen respirando en los cuadros de quienes fueron sus discípulos y en la memoria cultural de Trujillo y Santiago de Chuco. Así, como un color que nunca se borra del lienzo del tiempo, el nombre de Walter Romero Ruiz permanece unido al arte, a la enseñanza y a la noble tarea de sembrar belleza en el espíritu de los demás.

 

(Fotos de sus lienzos del pintor)

 

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.

 

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