EL CERRO MOGASH Y LA LEYENDA DEL COJO ROSALES EN SANTIAGO DE CHUCO
Dr. Javier Delgado Benites (*)
Entre cerros añejos y silencios profundos, el Mogash se alza como un guardián de piedra que observa el paso del tiempo. En sus sombras habitan las voces del miedo y la memoria, donde la naturaleza y la creencia se confunden. Allí, entre agua y roca, nace la leyenda del Cojo Rosales.
El cerro Mogash se encuentra en la parte alta del caserío de Retambo (Quiruvilca). Es una formación rocosa alta y de gran tamaño. Al pie del mismo cerro cruza el canal de agua potable que conduce el líquido elemento para abastecer a la ciudad de Santiago de Chuco. Dicho canal antiguamente se llamaba acequia Mogash o San Antonio y actualmente es conocido como canal Vicente Jiménez.
Los lugareños cuentan que en el cerro Mogash se aparece una persona a la que identifican como el diablo, a quien suelen llamar el Cojo Rosales. Dicen que lo han visto salir del cerro Mogash y caminar, apoyado en su bastón, por el borde del canal de agua potable que pasa al pie del cerro. Camina cojeando, lentamente. Tiene horas determinadas en las que suele salir a recorrer el canal y luego desaparecer. Muchos aseguran haberlo visto y vigilado, pues su figura estaría retratada en el mismo cerro.
Mi padre
me comentaba estas historias porque sus familiares proceden de lugares
cercanos. Él contaba que, cuando se construía la acequia al pie del cerro
Mogash, el trabajo se hacía a puro pulso. Los obreros levantaban la acequia con
piedras y cemento, y al finalizar la jornada la dejaban para que se seque y
endurezca hasta el día siguiente. Sin embargo, durante la noche, el Cojo
Rosales salía y le daba un combazo, rompiéndola, por donde luego se filtraba el
agua. Los trabajadores volvían a repararla, pero nuevamente aparecía el Cojo
Rosales y la malograba en otro tramo. Ni siquiera colocando guardianes se
lograba avanzar con normalidad; algo impedía el trabajo, pues, según decían, no
quería que por allí se construyera la acequia que llevaría agua para el consumo
de la población de Santiago de Chuco.
Para poder continuar la obra, tuvieron que hacer ofrendas al cerro, y solo así se logró amansar y normalizar el trabajo para avanzar con la construcción.
También me relataron que, en cierta ocasión, desde un cerro se escuchó el grito dirigido a otro, pidiendo que velaran a la Virgen de los Dolores. Se le hizo su fiesta, y recién entonces permitió que el agua pasara.
Antiguamente, el cerro Mogash, a partir de las seis de la tarde, era muy temido por los caminantes, pues se decía que no dejaba pasar por su lado. Con el tiempo, se le realizaron rituales para volverlo manso, y desde entonces la gente ya no le tiene temor.
Aprovechando mi breve estadía en mi tierra natal, en los primeros días de enero de este año, fui a visitar, junto a mi hermano Hildebrando, La Soledad y Retambo, con el único propósito de conocer el cerro Mogash, de la que tanto había escuchado, y la historia del Cojo Rosales.
En Retambo
nos encontramos con el señor Urquiza, a quien hallamos junto a sus hijos que
estaban arando sus terrenos, cerca de la escuela. Él estaba champeando. Al
preguntarle si conocía algo del famoso Cojo Rosales, me dijo que no sabía
mucho, pero que se lo podía aguaitar al pie del cerro Mogash. Estábamos a
cierta distancia, y entonces me señaló:
-
Mire allá, esos árboles; detrás de ellos, en el cerro, hay uno que está
con un bonete de color gris claro. Ese es el Cojo Rosales.
Observé
atentamente y, desde la distancia en que me encontraba, distinguí una figura de
color gris claro, con forma triangular.
-
¿Ese de color gris claro, como un triángulo? —pregunté.
-
Sí. Ese es el Cojo Rosales. Desde cualquier sitio se puede ver, y
siempre lo verá ahí, mirando sentado con su bonete.
Me quedé conforme con lo que me indicó. Había visto, a las faldas del cerro Mogash, al famoso Cojo Rosales de la leyenda; el mismo que no dejaba construir la acequia y que impedía el paso del agua al pueblo.
Los pobladores de Retambo viven bajo la permanente vigilancia del cerro Mogash y del enigmático Cojo Rosales.
Como una sombra inmóvil que vigila desde la altura, el cerro Mogash continúa marcando el destino de Retambo. El Cojo Rosales, sigue caminando cojeando entre la fe y el temor. Porque mientras el cerro permanezca, la leyenda seguirá respirando en la memoria del pueblo.
(Foto del autor)
(*)
Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación,
investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades,
directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos
que pueden ser reproducidos
citando
autor y fuente
INSTITUTO
DE INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS Y HUMANIDADES
Celular:
943467062
E-mail:
i2cyh@outlook.es
Lima
– Chimbote – Trujillo
Comentarios
Publicar un comentario