CÉSAR VALLEJO USÓ EL FERROCARRIL DE TRUJILLO A MENOCUCHO
(Para celebrar los 130 años del nacimiento de César Vallejo)
Dr. Javier Delgado Benites (*)
Menocucho es actualmente un centro poblado del distrito de Laredo.
Se
ubica en el kilómetro 26 de la carretera que va hacia la sierra de la región de
La Libertad, se encuentra a 40 minutos de Trujillo.
El ferrocarril de Trujillo a Salaverry se instaló
entre 1870 a 1975 y su estación ferroviaria se ubicó frente a la ExPlaza de
Toros, fuera de la muralla colonial. Posteriormente
amplía su recorrido al Valle de Chicama y Laredo. Este último ramal comenzando a operar alrededor
del año 1896 de Trujillo-Laredo, posteriormente fue ampliado en 1904 lo extendieron
hasta Menocucho. El
sistema de ferrocarriles, fue construido por don Pedro Telmo Larrañaga, y tenía
la medida de 0,914 de trocha; y 53 Km de extensión, siendo inaugurado durante
el gobierno de don Nicolás de Piérola, tenía como encargado de la administración
a la Peruvian Corporathion.
El recorrido que
realiza el ferrocarril, partía de la Estación Central
ubicada en la avenida España, Trujillo, seguía la calle Amazonas, ingresaba a
la Avenida Santa, llegaba a Florencia de Mora e ingresaba a la Avenida
Pumacahua, El Porvenir, costado izquierdo de la actual autopista de Trujillo a
Laredo, ingresaba, a Laredo por la Avenida Trujillo, cruzaba el frontis de la
casa hacienda, donde había una estación para recoger y bajar pasajeros y seguía
la ruta cruzando los anexos de La Pampa, Galindo, Cerro Blanco, La Campiña, hoy
Nuevo Quirihuac, en donde también se instaló una estación, para llegar después
a la estación final de Menocucho, este último lugar que se convirtió en
centro de embarque y desembarque, reunión de arrieros, pearas y recuas, de
viajeros, viandantes y chicherías de donde se partía
a los pueblos de la sierra de La Libertad y Cajamarca, a pie o en recua.
A Menocucho se viajaba los lunes y jueves en
locomotora, con coches como omnibuses, también había los vagones, que eran como
omnibuses con motor propio y con su corneta más potente que la de los tráileres.
Los vagones eran de color verde olivo y vivos amarillos que tenían sus letras
FCT (Ferrocarril Central de Trujillo).
Se salía los días indicados a las 8 de la mañana y se llegaba
cerca al mediodía, la demora, se daba en Laredo. El ferrocarril atravesaba el valle Santa
Catalina por las haciendas Trapiche, Laredo, Galindo y otras siguiendo el
margen derecho del río Santa Catalina hasta llegar a Menocucho donde se procedía a descargar,
preparar el nuevo viaje en las acémilas y bestias de carga, recoger los
animales del lugar encargando lo cuiden y alimenten, buscar y esperar a los
arrieros, que los amigos terminen de alistar y partir en su compañía para
protegerse de los asaltantes de caminos. Mientras tanto el tren preparaba su
retorno a Trujillo, con nuevos pasajeros y carga. A Santiago de Chuco desde
Trujillo era 3 días y desde Menocucho 2 días bien caminado.
César Vallejo utilizó el ferrocarril de Trujillo
a Menocucho o viceversa, cuando viaja a su pueblo natal de Santiago de Chuco,
se hospeda en la hacienda Menocucho, por varios días mientras debía esperar las
acémilas que lo conducirían al hogar de sus padres para pasar sus vacaciones
universitarias de medio año donde coincidía con la fiesta de julio en honor al
Apóstol Santiago y las de fin de año que coincidía con Navidad, eso se dio
hasta 1918, posteriormente para visitar a sus padres y familiares. Partía de
Menocucho montado en caballo con su fiambre, acompañado de un propio que había
venido a recogerlo, llegaban a Motil y otros pueblos, donde el camino era por las faldas
de los cerros, en laderas y quebradas, desfiladeros y hondonadas, dichos caminos
eran traficables tanto a pie como a caballo, pasaba las alturas de la jalca, era
un silencio que lo acompañaba el silbido del viento, el sol y de vez en cuando
encontraban algún arriero con sus pearas, todos estos avatares pasaba hasta
llegar a su lar natal que sus padres estaban a la expectativa que llegue el
shulca, o viceversa cuando retornaba a Trujillo.
El poeta para perennizar a la hacienda Menocucho, un
lugar que lo acogió cuando venía a Trujillo o regresaba a su lar natal, escribe
el poema Los arrieros, que se encuentra en su primer poemario Los Heraldos
Negros, publicado en 1919.
LOS
ARRIEROS
Arriero, vas fabulosamente vidriado de sudor.
La hacienda Menocucho
cobra mil sinsabores diarios por la vida.
Las doce. Vamos a la cintura del día.
El sol que duele mucho.
Arriero,
con tu poncho colorado te alejas,
saboreando el romance peruano de tu coca.
Y yo desde una hamaca,
desde un siglo de duda,
cavilo tu horizonte y atisbo, lamentado
por zancudos y por el estribillo gentil
y enfermo de una “paca-paca”.
Al fin tú llegarás donde debes llegar,
arriero, que, detrás de tu burro santurrón,
te vas…
te vas…
Feliz
de ti, en este calor en que se encabritan
todas las ansias y todos los motivos;
cuando el espíritu que anima el cuerpo apenas,
va sin coca, y no atina a cabestrar
su bruto hacia los Andes
occidentales de la Eternidad.
(*) Doctor en educación, ingeniero químico, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos que pueden ser
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