LOS ARRIEROS DE SANTIAGO DE CHUCO
Dr. Javier Delgado Benites (*)
En Santiago de Chuco, antes que existiera la actual
carretera, las personas que querían viajar a la costa o a otro lugar
transitaban por los caminos de herradura, ya se a pie, en acémilas de su
propiedad o alquiladas. Cada viaje consistía en una preparación previa, que
consistía en contratar un arriero y las acémilas, calculando la cantidad de
carga que se iba a transportar.
El día del viaje, desde las cuatro de la madrugada
eran traídos los animales para darles de comer abundante pasto. La casa del
viajero, la ama de casa se levantaba para preparar el fiambre consistente en
papas revueltas, graneado de trigo, huevos y cuyes fritos, cancha tostada, ñuñas
fritas, cachangas, un buen checo de chicha o aloja, harina con lino, harina con
manteca y coca para el arriero.
Luego de cargar los sacos o costales y atarlos a las
acémilas con gruesas cinchas y retranca se iniciaba el viaje.
El arriero era un hombre fornido, acostumbrado a andar
largas distancias sin mostrar cansancio, sus únicos utensilios de trabajo eran
un par de llanques, su poncho, su sombrero y látigo para arrear a los burros
alquilados. Estaban a su cargo, todos los que viajaban con él, ya para ajustar
la cinchas, acomodar la carga y hasta alcanzar agua a los que lo solicitaban.
De vez en cuando se detenía para yapar su coca y coquear
o en otros casos para saciar su sed en algún puquio u ojo de agua. Su oficio lo
desempeñaba con mucho agrado, muy poco conversaba, dedicándose la mayor parte
de su tiempo a imitar sonidos propios del arreo y casi todos los burros o mulos
lo entendían, girando a la derecha, izquierda o parándose.
Por esa sensibilidad reciproca con los animales, el
arriero a una sola pasada a la vista calculaba, cuanto debía cargar cada
animal, si era hasta cuatro arrobas, si el flete era adulto hasta siete
arrobas, juicioso de su trabajo observaba si algún animal cojeaba para disminuir
su carga y pasarlo a otro más fuerte y sano, es decir el arriero estaba en
todo.
La hora de la partida del arriero y los burros o mulas
era a las cinco de la mañana, se pasaban por ríos, caminos estrechos y pedregosos,
quebradas y luego a travesar la inmensa pampa de la jalca, se subía cuestas, se
descendía bajadas hondonadas y se llegaba a lugares estratégicos donde se
descansaba, los animales y en eso se aprovechaba para comer el fiambre, donde
se tendía un largo mantel, se desparrama abundante cancha y se distribuía la
comida. Luego se continuaba el camino enfrentando la soledad de su ingrato
trabajo y parlando con la naturaleza, avanzaban lentamente al paso de sus
animales hasta llegar a diversas pendientes, donde el arriero tenía que tener
mucho cuidado con los animales, después de caminar dos buenos días se llegaba a
Menocucho.
Los viajes también se realizaban a otros lugares de la
costa como Bella Vista para comprar sal y otros productos como el arroz, azúcar
que era transportado por trenes hasta dicho lugar.
Los arrieros también viajaban a Cajabamba, Huamachuco,
Parcoy y otros lugares de la sierra norteña.
El poeta César Vallejo viendo y conociendo el
sacrificio que realizaron los arrieros de Santiago de Chuco en su época, como
un homenaje a dicho trabajo realizado lo dedicó este poema titulado.
LOS
ARRIEROS
Arriero, vas fabulosamente vidriado de sudor.
La hacienda Menocucho
cobra mil sinsabores diarios por la vida.
Las doce. Vamos a la cintura del día.
El sol que duele mucho.
Arriero,
con tu poncho colorado te alejas,
saboreando el romance peruano de tu coca.
Y yo desde una hamaca,
desde un siglo de duda,
cavilo tu horizonte y atisbo, lamentado
por zancudos y por el estribillo gentil
y enfermo de una “paca-paca”.
Al fin tú llegarás donde debes llegar,
arriero, que, detrás de tu burro santurrón,
te vas…
te vas…
Feliz
de ti, en este calor en que se encabritan
todas las ansias y todos los motivos;
cuando el espíritu que anima el cuerpo apenas,
va sin coca, y no atina a cabestrar
su bruto hacia los Andes
occidentales de la Eternidad.
(Dibujo del
etiquetado del pintor Arístides Vallejo
Aranda)
(*) Doctor en educación, ingeniero
químico, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación
en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su
Tierra, docente universitario.
Textos que pueden ser reproducidos
citando autor y fuente
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