IRICHUGO UN TOPÓNIMO EN LA POESÍA DE CÉSAR VALLEJO
(Por los 87 años de la inmortalidad de C.V.)
Dr. Javier Delgado Benites (*)
Irichugo, es un topónimo de un lugar nativo, que se ubica a pocos kilómetros de distancia del pueblo de Santiago de Chuco. Es una palabra yuxtapuesta que deriva de Iri de iris que es color y Chugo (1) que es mirador u observatorio. Que se traduciría en mirador de todo color, haciendo referencia al paisaje.
Rememoro
que en mis épocas de estudiante universitario haber leído el poemario de César
Vallejo Los heraldos negros y al leer el poema Mayo, me encuentro con la
palabra Irichugo, estaba seguro que se refería algún lugar de mi lar, el tiempo
pasó y en una oportunidad no recuerdo el año, pero ya estaba involucrado en
escribir sobre Vallejo, pregunté a mi padre Francisco Delgado (nacido en 1925 –
fallecido en 2017), cuando radicaba en Santiago de Chuco:
-
Papá.
¿Dónde queda Irichugo?
-
Queda
al pie de la carrera de Huayatán, encima de un lugar denominado Colpa – me
contestó.
La respuesta que me dio, me hizo entender que dicho lugar existía en Santiago de Chuco. No insistí a más preguntas, ahí quedó todo.
Revisando
un libro de poesía completa de César Vallejo editada por Juan Larrea me
encuentro, que dicho lugar lo registra y no coincide con lo manifestado por mi
padre.
Larrea dice: “Irichugo. Lugar al pie del cerro San Cristóbal, a tres kilómetros de Santiago, donde los Vallejo poseían una propiedad”. (2)
Me encontraba en una disyuntiva en lo que me había manifestado mi padre y lo que acredita el amigo español de César Vallejo, y revisando muchas antologías de su poesía completa, lo acreditan en pie de página lo que manifiesta Juan Larrea.
No me encontraba conforme, pensaba que mi padre tenía razón, pero estaba en desventaja con lo que manifiesta el amigo del poeta Vallejo.
El
escritor Ángel Gavidia, en una oportunidad me llama y me pregunta: Javier ¿En dónde
queda Irichugo?, la respuesta me vino al recuerdo de lo que me manifestó mi
padre. Desde esa fecha tomé interés y comencé a indagar para comprobar la
respuesta de mi padre y lo decía Larrea amigo del poeta. Cuando me encontraba
en Santiago de Chuco preguntaba a mucha gente, principalmente mayor de edad,
nadie me daba razón, donde estaba ubicado, algunos se sorprendían con el
nombre. Es posible que muchos lugares, sus nombres antiguos lo han cambiado me
decían y lo conocen por otros nombres. Actualmente la mayoría de gente que vive
en Santiago de Chuco han emigrado de la zona rural al pueblo (ciudad) y los
antiguos pobladores la mayoría han fallecido, otros emigraron a la costa o
quedan pocos, pero desconocen.
En
mi reciente estadía en Santiago de Chuco en el mes de febrero (2025), el
penúltimo día para regresar a mi lugar donde radico, estaba yendo almorzar, en
el trayecto encontré en la calle al vecino del barrio, el señor Santiago Agreda
Grados (86 años de edad), estaba segura que él conocía el lugar.
-
Don
Santiago, quiero hacerle una pregunta: ¿Conoce el lugar Irichugo?
-
Claro
-me responde firmemente.
-
¿En
dónde queda?
-
Queda
encima de la Colpa. Ahí en la Colpa he tenido mi terreno.
-
¿En
dónde es eso?
- La colpa esta encima de la carretera, en la casita blanca que había, donde vivía Don Augusto Paredes (así referencia a un poblador que vivía solo en dicho lugar, era un hombre flaco, alto, colorado, andaba de sombrero de paño, cuando venía al pueblo, algunos le decían el loquito Paredes). Desde la carretera hasta una acequia, es la Colpa, de ahí para arriba hasta la carretera de Huayatán es Irichugo.
La respuesta coincidía con lo manifestado por mi padre, fue una gran referencia, si me ubicaba, sabia del camino alterno que se iba a Huayatán, me entusiasmó, fui almorzar, retorné de inmediato a mi casa, en ese momento tomé la decisión de ir a ubicar dicho lugar, era la oportunidad que se presentaba, la tarde se prestaba adecuada, el sol estaba radiante, saqué mi sombrero para el sol, cogí el paragua para protegerme del sol y para la lluvia talvez se presente, porque es tiempo de invierno, al siguiente día tenía que viajar al lugar donde radicó.
Me
fui solo caminando por la carretera, era las dos de la tarde, el sol estaba que
quemaba, pero el paragua me cubría, llegué a un lugar donde abandoné la carretera
para tomar el antiguo camino de herradura, yéndome por dicho caminito, divisé
cerca al río a unas señoras, pensaba que estaban lavando ropa, pero al
acercarme, habían estado con sus ollas y sus manteles que habían llevado
almuerzo para sus mingueros, que estaban ayudando a deshierbar su maíz de una
chacra que tenía al partir. Al saludarla, me dijeron que eran familia García,
yo le hice referencia de mi padre y dijeron que si lo conocían.
-
Usted
es hijo de Don Panchito, como no recordar a su padre, que siempre nos vendía
nuestros zapatos. Él iba siempre a nuestra casa porque mi padre Rufino García
lo tenía sus vacas.
Yo
también lo conocía al señor Rufino García, gran amigo de mi padre, era quien lo
tenía las vacas al partir.
Conversamos,
al fin la señora me dice.
-
No
quedrá para servirle cuycito. Si usted avanzaba, encontraba a toda la gente
almorzando.
- Sírvame un poco, porque he almorzado, lo voy apreciar por ser familia de Rufino.
La
señora me sirvió, un brazo de cuy guisado, con su arroz y papa amarilla, el
guiso estaba delicioso, con su cebollita de rabo, me hacía recordar al cuy guisado
que preparaba mi madre. Me puse a comer, junto al río, con ese sonido, que me hacía
recordar cuando mi madre nos llevaba nuestro almuerzo cuando ayudábamos a mi
padre en alguna faena agrícola, comíamos al aire libre, escuchando el canto de
los pájaros, el sonido del río o la quebrada.
-
¿Qué
rico estaba el cuy?
Terminé
de comer, lo agradecí y continué el camino en busca de lugar Irichugo, llegué
de nuevo a la carretera y ubiqué el lugar donde estaba la casita blanca, que no
quedaba ni un rastro, proseguí el camino que conduce a Huayatán, aguaitaba casas
al costado del camino y avizoré casas en la parte indicada por el señor Agreda,
llegué a la acequia o canal y había encima de ella una casa, donde había una impresionante
planta de membrillo lleno de frutos. En ese momento del camino, exclamé:
-
Señora,
señora…
Salió
por la ventana del segundo piso una señora
-
¿Qué
dice? –preguntó.
-
Una
consulta.
-
Esperé
un momento ya salgo.
Esperé
el momento. Salió una señora joven.
-
Señora
¿Este lugar es Irichugo? –pregunté.
-
Si
–me contestó –venga para acá para conversar.
Me
fui al llamado, me hizo sentar en un asiento de madera al costado de su pared
de su casa, debajo del membrillo, qué hacia una sombra fresca, de dicho lugar
se miraba al pueblo de Santiago de Chuco. Irichugo es un mirador natural, que
se aprecia bonito el paisaje de alrededor del pueblo. En ese momento, vino su
hermana con sus hijitos y comenzamos a conversar, me indicaba que Irichugo
comprende del canal (acequia), hasta la carretera, mientras me indica, llegó su
mamá la señora Marisol Avalos, qué al saludarla y preguntarle, me comenzó hacer
referencia:
- Irichugo fueron los terrenos del señor Aurelio Mariños con su esposa María Cuba y hermanos del señor Mariños, ellos fueron los herederos, el señor Aurelio lo vendió a mi difunto esposo Antonio Quiñones, donde hizo la casita y el resto lo cultivamos -señalándome toda parcela agrícola, que ese momento estaba sembrado y reverdecía.
La señora también me detalló de sus actuales vecinos que también son dueños de los terrenos como del señor Zacarías Marcelo Grados, que tiene dos parcelas en ambos lados y el señor Celso Rodríguez, quienes actualmente son dueños de todo el sector de Irichugo, que comprende desde la parte de sur el canal (no acequia), denominada Colpa-Irichugo, hasta el norte del pie de la carretera de Huayatán, por el lado izquierdo la quebrada y también derecho cerca al río Santa Mónica.
Con esta información obtenida y que también registrada en fotos, emprendí mi retorno al pueblo muy contento, de tratar de dilucidar dicho lugar, que equivocadamente lo han estado registrando en un lugar que no existe, sin antes agradecerle a la familia Quiñones Avalos por la valiosa referencia y atención.
Ahora se conoce al detalle el lugar Irichugo, debido a la información inicial de mi difunto padre Francisco Delgado, luego de tanto indagar y el aporte final del señor Santiago Agreda que finalmente corroborada in situ por la señora Marisol Avalos, donde hipotéticamente dicho terreno eran dueños los padres del poeta, que posteriormente es muy posible que lo vendieron a la familia Mariños y ellos lo vendieron a las familias que ahora radican en dicho lugar.
Irichugo es un mirador natural, donde se aprecia al pueblo de Santiago de Chuco en todo su esplendor y todo su alrededor, se vive una ecuanimidad absoluta donde la gente haces sus quehaceres agrícolas acompañado del sonido de las avecillas, el rebuzno de los burros, el mugido de las vacas, el ladrido de los perros y el sonido de los carros que pasan de rato en rato por la carretera con destino a Trujillo o al pueblo.
El poeta César Vallejo, dicho término Irichugo lo hace referencia en su poema titulado MAYO que forma parte de su primer poemario Los heraldos negros, publicado en 1919, donde dice:
Mayo
Vierte el humo doméstico en la aurora
su sabor a rastrojo;
y canta, haciendo leña, la pastora
un salvaje aleluya!
Sepia y rojo.
Humo de la cocina, aperitivo
de gesta en este bravo amanecer.
El último lucero fugitivo
lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor,
¡oh celeste zagal trasnochador!
se duerme entre un jirón de rosicler.
Hay ciertas ganas lindas de almorzar,
y beber del arroyo, y chivatear!
Aletear con el humo allá, en la
altura;
o entregarse a los vientos otoñales
en pos de alguna Ruth sagrada, pura,
que nos brinde una espiga de ternura
bajo la hebraica unción de los
trigales!
Hoz al hombro calmoso,
acre el gesto brioso,
va un joven labrador a Irichugo.
Y en cada brazo que parece yugo
se encrespa el férreo jugo palpitante
que en creador esfuerzo cuotidiano
chispea, como trágico diamante,
a través de los poros de la mano
que no ha bizantinado aún el guante.
Bajo un arco que forma verde aliso,
¡oh cruzada fecunda del andrajo!
La zagala que llora
su yaraví a la aurora,
recoge ¡oh Venus pobre!
frescos leños fragantes
en sus desnudos brazos arrogantes
esculpidos en cobre.
En tanto que un becerro,
perseguido del perro,
por la cuesta bravía
corre, ofrendando al floreciente día
un himno de Virgilio en su cencerro!
Delante de la choza
el indio abuelo fuma;
y el serrano crepúsculo de rosa,
el ara primitiva se sahúma
en el gas del tabaco.
Tal surge de la entraña fabulosa
de epopéyico huaco,
mítico aroma de broncíneos lotos,
el hilo azul de los alientos rotos!
Mayo es un mes en Santiago de Chuco, muy agraciado porque todo el pueblo está rodeado de una sábana verde, donde las campiñas y los parajes donde viven los campesinos o tienen sus chacras, todo es verde, que conjuga con sus casas y sus animales; las plantas están con sus frutos verdes como los choclos, los chungares (alverja verde), las habas, las cayhuas, el chiclayo, están agradables para ser alimento preferido de la chacra a la olla de los lugareños.
El poema es una inspiración del poeta de un lienzo
campestre, donde escribe con su pluma de acuerdo a su retina de pintor de las palabras,
es un buen mural de homenaje al mes más hermoso de Santiago de Chuco, describe
todo el acontecer desde que amanece, atardece y anochece en el buen vivir de
este mes de florecimiento de su lar natal.
REFERENCIAS
(1)
Delgado,
Javier (2012). Chuquismos en la obra y en la tierra de César Vallejo. Editorial
Juan Gutenberg. Lima.
(2)
Larrea,
Juan (ed.) (1978). César Vallejo. Poesía completa. Introducción, notas y
vocabulario de las obras poéticas de Vallejo. Barcelona, Barral Editores, p.
802.
(Fotos
de autor)
(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en
educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y
Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente
universitario.
Textos que pueden ser reproducidos
citando autor y fuente
INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS Y HUMANIDADES
Celular: 943467062
E-mail: i2cyh@outlook.es
Lima – Chimbote – Trujillo



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