MARINO MORILLO CHOLÁN, RECUERDOS QUE NO SE APAGAN

(Un homenaje póstumo a nuestro compañero de promoción)

 

Dr. Javier Delgado Benites (*)

 

La noticia del fallecimiento de Marino Morillo Cholán (conocido por todos como Marino Cholán), me golpeó como un silencio repentino en medio de la fiesta. Hay personas cuya partida no solo duele, sino que remueve la memoria, despierta escenas intactas del pasado y nos devuelve, sin pedir permiso, a la tierra donde fuimos jóvenes, libres y cómplices de la vida. Marino fue eso para mí, primo, amigo y compañero de promoción 1985 “Javier Heraud” del Colegio César Vallejo de Santiago de Chuco.

 

Vivíamos en la misma calle, a una cuadra de distancia. Nos conocimos cuando aún estudiábamos en el colegio; él llevaba dos años de adelanto, pero finalmente terminamos juntos. En aquellos años de colegiales solíamos encontrarnos en el barrio alto, conocido al barrio Santa Mónica, la parte alta del pueblo.

 

Recuerdo una oportunidad, cuando yo cursaba el segundo año de secundaria. Era un sábado de mayo. Lo vi frente a la casa de mi tía Agustina, en una tienda del barrio, escuchando música del Cholo Berrocal en una radiograbadora y tomando cerveza con dos amigos. Al verme me llamó:

-      Primo, ven, échale un vasito.

Yo no tomaba cerveza, no quería hacerlo, pero la música animaba el ambiente.

-      Ven, primo -insistía, apoyado por sus amigos.

Al final me animé. Me dio la botella, luego el vaso; me serví poco y empecé a tomar. La música se volvía cada vez más motivadora y, entre vaso y vaso, me mareé. No recuerdo cómo llegué a casa; por suerte estaba cerca. Me imagino que entré por una puerta poco usual y fui directo a mi cuarto. Felizmente mis padres no se dieron cuenta. Podría decir que con mi primo Marino tomé cerveza por primera vez.

 

Después de ese episodio, siempre nos encontrábamos. Ya en cuarto año de secundaria, aunque estábamos en aulas distintas, estudiábamos juntos y nos frecuentábamos más. Cada vez que nos veíamos, Marino me invitaba al Bar Café, un local muy concurrido donde preparaban deliciosos postres, leche asada, gelatina, mazamorra morada y otros. El lugar era parada obligatoria. Él siempre tenía dinero; parecía que se había atrasado en los estudios porque había viajado a trabajar a la costa.

 

Así transcurrió nuestra vida en la tierra natal hasta que terminamos los estudios en 1985. Marino se enamoró de nuestra compañera Haydee Gamboa, quien fue luego su esposa y con quien tuvo dos hijos. Vivían en Trujillo. En algunas ocasiones nos encontrábamos, y fue por Haydee (quien también ya falleció), que supe que se habían separado. Cada uno siguió su camino. Ella tenía un puesto de venta de zapatos en las galerías del centro de Trujillo, y Marino era empresario en el rubro de elaboración de cajas de cartón para calzado, así mismo, vendía maquinaria para industria del calzado. Muchas veces lo visité en su local donde fabricaba las cajas, ubicado al costado del cine Trujillo, frente al mercado Unión. En varias oportunidades que lo visitaba era ocasión para ir a visitar amigos de la promoción, como Magner Paredes y otros, para compartir gratos momentos de recuerdos, acompañados de un buen ceviche y sus cervezas bien heladas.

 

Encontrarnos por las calles de Trujillo o durante la fiesta de julio en nuestra tierra siempre era motivo de alegría. Marino no dejaba pasar la ocasión para bromear y decirme con orgullo:

-      Primo, conmigo fue tu primer debut tomando cerveza.

Sonreía, lo celebraba y lo recordaba como una anécdota que solo los amigos de verdad guardan.

 

El año pasado, durante la fiesta de julio, nos encontramos el día 23 de julio en la mañana. Al vernos, nos saludamos y le pregunté:

-      ¿Cuándo has venido?

-      Estoy desde el día 20. He venido a gozar la fiesta. Desde que llegué estoy compartiendo con mis amigos y nuestra gente.

Quedamos en vernos en la Bajada del Apóstol. Esa tarde nos encontramos en la Plaza de Armas, en plena Alba de la fiesta. Compartimos recuerdos, conversamos sobre nuestras vidas, trabajo, familia, evocamos a Haydee, su exesposa fallecida, y sobre muchos compañeros de promoción que siempre recordábamos. Celebramos juntos los días 23 y 24 de julio. Luego viajé, dejándolo aún en la tierra.

 

Recuerdo claramente cuando me dijo:

-      He venido a gozar la fiesta y me quedaré hasta después del 28 de julio. Aquí la fiesta es única y bonita. Reencontrarse con los amigos de años y con los paisanos es lo más hermoso. Eso es lo que se necesita para vivir tranquilo.

 

Marino gozó la fiesta de julio de Santiago de Chuco, con su gente, sin saber que sería la última. También fue la última vez que nos vimos. Nos quedan los recuerdos, las risas, las conversaciones y esas cervezas compartidas que ahora se convierten en memoria.

 

Su ausencia caminará por las calles del pueblo, su estima y su ligera sonrisa quedará prendida en la memoria de los amigos, y en cada brindis, estimado Marino, tu nombre volverá a vivir.

 

Descansa en paz, estimado primo y promoción Marino Cholán. Siempre te recordaré por la buena persona que fuiste. Nos llevas, por ahora, la delantera.

 

 

Santiago de Chuco, 10 de enero del 2026

 

 

(Foto del Facebook de Marino Morillo)

 

 

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.

 

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