MI BISABUELA MANUELA CRIBILLEROS, FUE ESTANDARTERA EN SEMANA SANTA EN SANTIAGO DE CHUCO
Dr. Javier Delgado Benites (*)
En el silencio antiguo de los templos, donde la fe se vuelve voz y la voz se vuelve compromiso, había un llamado que no solo se escuchaba, sino que se sembraba en el corazón como una promesa; el grito del estandartero/a, anuncio solemne que elegía a quien habría de ser responsable, no solo una imagen sagrada, sino el honor y el sacrificio de todo un pueblo.
Los estandarteros en Semana Santa en Santiago de Chuco son las personas que lo gritan (anuncian) en la iglesia para que se haga responsable de organizar la procesión en la noche de un santo durante los días de Semana Santa del siguiente año. Había casos de personas que lo pedían voluntariamente al cura para que los anuncie. A los estandarteros varones se les encargaba la procesión de santos varones, y a las mujeres, la de las vírgenes.
Por referencia de mi madre, Aurora Benites, me contaba que su abuelita, Manuela Cribilleros de Benites, fue gritada estandartera para la Virgen del Viernes Santo (aproximadamente en 1940). Ella, con un año de anticipación, comenzó a organizarse para afrontar dicha responsabilidad. Mi madre, siendo niña, estuvo presente y observó minuciosamente todo el proceso, tal como me lo relató:
El estandartero o estandartera realizaba un gasto considerable, por lo que debía prepararse con anticipación.
PRIMERO: ENGORDE DE CHANCHOS,
PREPARACIÓN DEL TRIGO Y COMPRA DE INSUMOS.
Se engordaban los chanchos para obtener la manteca necesaria en la preparación de los dulces, requiriéndose al menos dos latas. El trigo se lavaba, se secaba y se llevaba al molino para obtener la harina. Asimismo, se compraba una bolsa de azúcar blanca y gran cantidad de huevos.
SEGUNDO: CONTRATO DEL DULCERO.
Con todo listo y faltando aproximadamente dos meses para la Semana Santa, se contrataba al dulcero, especialista en la elaboración de dulces. Entre los más reconocidos estaban don Mercedes Benites, de Querquerball, y doña María Córdova, del barrio Santa Rosa. Eran muy solicitados por su destreza y experiencia. Además, exigían trabajar con personas de buen ánimo; evitaban la participación de mujeres que estuvieran con su regla, pues se creía que ello podía malograr los dulces.
TERCERO: INICIO DEL AMASIJO.
Con todos los materiales y
utensilios listos, comenzaba el amasijo.
El primer día se elaboraban diversos tipos de pan; al siguiente, se iniciaba la
preparación de los dulces: basitas, rosquetes y alfajores.
·
Las basitas: se preparaban batiendo huevos, agregando manteca,
azúcar y harina. La masa se sobaba, se extendía como una gran cachanga y se
cortaba con moldes o con una copa. Luego se horneaban y se guardaban.
·
Los
rosquetes: se hacían con huevos y harina de
alverja, sin manteca. La masa se sobaba con fuerza hasta lograr su punto. Luego
se sancochaban en un perol de bronce, se retiraban y se colocaban sobre una
cama antes de hornearlos. Se preparaba una crema con clara de huevo y azúcar
impalpable. En el horno, los rosquetes reventaban con un sonido “trac, trac…”,
abriéndose como flores. Se blanqueaban dos o tres veces antes de secarlos.
·
Los
alfajores: se elaboraban con harina, huevo
y levadura. Se hacía una masa delgada que se horneaba. El relleno se preparaba
moliendo la semita en batán, añadiendo cáscara de naranja, limón, canela y
chancaca en un perol de bronce. Luego se armaban en capas, se cubrían con papel
San Lorenzo y se dejaban reposar dos días antes de cortarlos.
Durante el amasijo, familiares y amigos visitaban a la estandartera llevando como obsequio huevos, leche o queso. Ella correspondía con pan y bizcochos.
CUARTO: REPARTICIÓN DE LOS PLATOS
DE DULCES.
Una vez elaborados, se distribuían los platos de dulces a los invitados, tarea que recaía en los repartidores, quienes seguían la lista preparada por la estandartera.
QUINTO: DESIGNACIÓN DE LOS
BORLEROS.
Los borleros eran dos personas distinguidas (como el juez, el gobernador o el alcalde, en el caso de los varones) o personas de alta consideración. A ellos se les enviaba una fuente con dulces finos: manjar blanco, bizcochuelo, rosquetes y otros, cubiertos con un riquísimo mantel almidonado blanco. Al cura también se le hacía llegar una fuente similar.
Mi bisabuela Manuela Cribilleros, fue una apreciada estandartera del Viernes Santo de la Virgen Dolorosa con siete puñaladas (cuatro a un lado y tres a otro lado); reunió cinco cuadras de fieles que alumbraban la procesión, más de mil personas aproximadamente. El anda llevaba dos arrobas de cera.
Quiero a través de este escrito de evocación rendirlo un homenaje, tuve la honra de conocerlo ya anciana (95 años) fue mi madrina de bautismo, junto con su hijo el Dr. Luis Herman Benites Cribilleros, un destacado maestro y escritor.
Entre harina, amasijo y horno,
entre rezos y manos laboriosas, se tejía una devoción que no cabía en las
paredes de la iglesia, sino que se derramaba por las calles como un río de luz.
Porque ser estandartera no era solo cumplir una promesa, era encender la
memoria del pueblo, donde cada dulce sabía a fe y cada llama de cera iluminaba
el alma colectiva de una tradición que aún respira en el tiempo.
(Foto del álbum familiar
del autor)
(*)
Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación,
investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades,
directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos
que pueden ser reproducidos
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