CLAUDINA CASTILLO, CAPITANA DE LAS QUIYAYAS DE SANTIAGO DE CHUCO
Dr.
Javier Delgado Benites (*)
Entre las manifestaciones culturales más representativas de Santiago de Chuco, la mojiganga de las Quiyayas ocupa un lugar privilegiado. Esta antigua mojiganga, transmitida de generación en generación, no solo conserva el canto, la música y la danza tradicionales, sino también la memoria de mujeres que han dedicado gran parte de su vida a mantener viva esta expresión del folclore de Santiago de Chuco. Una de ellas es doña Claudina Maximina Castillo Benites, considerada durante décadas la capitana de las Quiyayas y una de sus más genuinas intérpretes.
Las Quiyayas es una mojiganga integrada por un conjunto de damas que son
vigiladas y conducidas por un personaje caracterizado como un negro. Junto a él
se desplazan parsimoniosamente al compás de las melodías pentafónicas
interpretadas por el cajero, quien constituye otro de los elementos esenciales
de esta singular manifestación cultural.
La Quiyaya que posee la voz más melodiosa recibe el nombre de “autora”
y, a la vez, desempeña el cargo de capitana. Ella interpreta en solitario las
coplas, mientras las demás quiyayas responden en coro con el estribillo:
“Quiya,
quiya, quiyayita…
Quiya, quiya, quiyayita…”
Todas portan una caña de azúcar adornada con cintas de diversos colores, elemento característico de esta tradicional mojiganga.
La señora Claudina Maximina Castillo Benites nació el 29 de febrero de 1943 en el caserío de La Cuchilla, perteneciente a Santiago de Chuco. Fue hija de don Augusto Castillo y doña Juana Benites. Contrajo matrimonio con el señor Efigenio Castillo Ferrer, con quien formó un hogar del que nacieron cuatro hijos, tres varones y una mujer. Uno de sus hijos, Santiago Castillo, fue mi compañero de estudios y promoción de secundaria y actualmente radica en Argentina. Durante toda su vida, doña Claudina estuvo dedicada a su familia y al cuidado de su hogar.
Se inició como Quiyaya cuando tenía aproximadamente veinticinco años de edad. Su hijo Santiago era todavía un niño cuando un prioste la invitó insistentemente a integrar la comparsa. Aunque al principio no quería participar, terminó aceptando aquella invitación. Desde ese momento jamás dejó de bailar y cantar como Quiyaya. Año tras año, diferentes priostes de Santiago de Chuco y de otros lugares acudían a buscarla para que encabezará la danza. Ella muchas veces se resistía, pero finalmente cedía ante las constantes súplicas.
Antes de ser Quiyaya había participado como jardinera y, con el paso del tiempo, en sus inicios como Quiyaya, gracias a su experiencia, a la fuerza de su voz y al dominio de las coplas, asumió el liderazgo de la mojiganga, convirtiéndose en la capitana de las Quiyayas.
Gracias a su participación en esta mojiganga recorrió numerosos caseríos
y distritos de la provincia de Santiago de Chuco durante sus fiestas
patronales. Asimismo, fue invitada a representar esta tradicional expresión
cultural en las ciudades de Trujillo y Lima, llevando consigo el auténtico
canto de las Quiyayas de Santiago de Chuco.
Al preguntarle:
-
¿Cuántos años viene bailando de quiyaya?
Ella respondió con sencillez:
-
La edad que tiene mi hijo Santiago, que está
en Argentina.
Como Santiago es contemporáneo mío, se puede afirmar que doña Claudina ha dedicado más de cincuenta y cinco años de su vida a bailar y cantar como Quiyaya.
El año pasado tuve la oportunidad de verla participar el 24 de julio, durante la tradicional festividad del Dia de Doce, en el estadio de Chaychugo. Logré tomarme unas fotos con ella, quise conversar, pero el encuentro con un amigo me distrajo y ya no fue posible hacerlo. Aquella fue su última participación oficial en la fiesta patronal.
Este año su estado de salud esta delicada. El 26 de julio, aproximadamente a las diez de la mañana, fui a despedirme del Apóstol Santiago antes de viajar por la tarde. Grande fue mi sorpresa al encontrar a doña Claudina vestida nuevamente de Quiyaya. La acompañaban su nietecita y su amiguita, también vestidas con el mismo atuendo, además de sus tres hijos.
Observé cómo entonaba sus versos dedicados al Apóstol mientras el cajero interpretaba la melodía tradicional. Al terminar la presentación me acerqué a saludarla. Sus hijos me comentaron que su madre se encontraba delicada de salud y que el día central 25 de julio de la fiesta había querido acudir a cantar, pero no habían encontrado un cajero que la acompañará. Sin embargo, ella insistió en cumplir con esa promesa de fe. Por ello, contrataron un cajero para el día 26 y la trajeron hasta la iglesia para que pudiera ofrecerle, una vez más, sus cantos al Apóstol Santiago, a quien siempre profesó una profunda devoción.
Mientras conversábamos, le pedí que me regalará una copla. Ella accedió con una sonrisa y comenzó a deleitarme con su hermosa voz:
Glorioso
Apóstol Santiago
a tus pies hemos venido
a cantarte mis canciones
porque tú lo has permitido.
Sus hijos me contaron que muchas de las coplas nacían de su propia inspiración. Doña Claudina tenía la extraordinaria capacidad de crear versos en el mismo momento, adaptándolos a las circunstancias de la fiesta, a los acontecimientos del pueblo o a la emoción que sentía. Era una mujer de gran creatividad y talento popular. En los últimos años, debido a su estado de salud, sus hijos también le ayudaban escribiéndole algunos versos para que pudiera seguir cantándolos.
Actualmente reside en la ciudad de Trujillo, donde recibe atención médica y se realiza sus controles de salud. No obstante, cuando su estado físico se lo permite y ella expresa el deseo de regresar a Santiago de Chuco, sus hijos la acompañan para reencontrarse con su tierra y con el Apóstol Santiago, cuya devoción ha marcado toda su vida.
Doña Claudina Maximina Castillo Benites representa a una generación de
mujeres que hicieron de las Quiyayas mucho más que una danza; la convirtieron
en una expresión de identidad, de fe y de amor por su pueblo. Su voz, que
durante más de medio siglo anunció la llegada de las fiestas y rindió homenaje
al Apóstol Santiago, forma parte ya del patrimonio sentimental de Santiago de
Chuco. Mientras sus coplas permanezcan en la memoria de quienes la escucharon y
sus nietas y familia continúen vistiendo el traje de Quiyaya, el legado de esta
extraordinaria capitana seguirá vivo, recordándonos que las tradiciones
sobreviven gracias a personas sencillas que las aman y las entregan con el
corazón.
(Fotos del autor)
(*)
Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación,
investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades,
directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos
que pueden ser reproducidos
citando
autor y fuente
INSTITUTO
DE INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS Y HUMANIDADES
Celular:
943467062
E-mail:
i2cyh@outlook.es
Lima
– Chimbote – Trujillo



Comentarios
Publicar un comentario