EL ÁRBOL DE MOLLE QUE SEMBRÓ MI PADRE EN LA CASA DE SANTIAGO DE CHUCO

(En memoria de mi padre, quien hace nueve años emprendió su viaje a la eternidad)

Dr. Javier Delgado Benites (*)

Los árboles que crecen en los hogares suelen convertirse en silenciosos testigos de la historia familiar. Acompañan el paso de las generaciones, brindan sombra, cobijo a las aves y múltiples beneficios para la salud y el ambiente. En Santiago de Chuco, muchas familias sembraban árboles no solo por su utilidad, sino también por el profundo respeto que sentían por la naturaleza y por los conocimientos heredados de sus antepasados.
La planta de molle que aún se conserva en la casa de mi querida tierra de Santiago de Chuco fue sembrada por mi padre, convencido de los múltiples beneficios que ofrece este árbol. El molle es una especie nativa que destaca por sus propiedades medicinales, su utilidad como repelente natural y su belleza ornamental.
Recuerdo que, en una oportunidad, cuando viajé a visitar a mi padre a mi tierra natal, observé el árbol que crecía en una esquina de la huerta de la casa y a mi padre le pregunté:
- ¿Por qué ha sembrado molle?
Él me respondió con la sencillez y la sabiduría que lo caracterizaban:
- Porque tiene muchos beneficios medicinales, cura el reumatismo, los resfríos y heridas.
Lo escuche lo relatado, incluso me indicaba como se usaba, continuamos conversando de otras cosas familiares.
Con el paso de los años, el molle había crecido vigorosamente y se imponía con su frondosidad y belleza. En determinadas estaciones perdía parte de su follaje, pero nunca dejaba de lucir su verdor, mostrando la fortaleza y resistencia propias de este árbol.
Años después comprobé que, en efecto, el molle posee numerosas propiedades medicinales, tal como mi padre me lo había dicho.
Entre sus principales usos medicinales destacan:
DOLORES MUSCULARES Y REUMATISMO, las hojas tibias se aplican sobre las articulaciones y los músculos para aliviar los dolores causados por la artritis, golpes o inflamaciones.
RESFRIADOS Y AFECCIONES RESPIRATORIAS, las inhalaciones del vapor de sus hojas ayudan a aliviar la tos, la bronquitis y la congestión.
HERIDAS, la corteza y la resina poseen propiedades antisépticas que favorecen la desinfección y cicatrización de la piel.
Asimismo, el molle se caracteriza porque es un importante repelente natural, sus hojas y aceites ayudan a ahuyentar insectos.
Cada vez que regreso a la casa de mis padres en Santiago de Chuco, no puedo evitar dirigir la mirada hacia aquel viejo molle. Al contemplarlo, vuelven a mi memoria los recuerdos de mi padre y de los años felices vividos en ese hogar. Su copa reverdece con el paso de las estaciones y sirve de refugio a numerosos pájaros, como el zorzal, el gorrioncito andino, el llucro, las santarrositas, palomas, tortolas y muchas otras aves propias de la zona, que alegran las mañanas y en las tardes con sus cantos y trinos.
Cuando el molle florece, sus pequeñas flores, de color amarillo claro o blanco cremoso, atraen a gran cantidad de abejas. El constante zumbido que producen mientras recolectan el néctar y el polen anuncia el silencioso e incansable trabajo con el que elaboran la miel. Su presencia no solo favorece la polinización del molle, sino que también contribuye al equilibrio natural y a la conservación de la biodiversidad del entorno.
El árbol de molle de mi casa de Santiago de Chuco, es un legado vivo de mi padre, un símbolo de su amor por la naturaleza y de la sabiduría popular que aprendió de sus ancestros. Mientras permanezca de pie en la casa de abobe familiar, seguirá recordándome que los árboles también conservan la memoria de quienes los sembraron y que, al cuidar de ellos, mantenemos vivas nuestras raíces, nuestra historia y el entrañable vínculo con la tierra que nos vio nacer.

(Foto del autor)

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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