SANTIAGO DE CHUCO EN SUS DÍAS DE FIESTA DE JULIO
(A mis amigos que he compartido gratos momentos)
Dr. Javier Delgado Benites (*)
En la fiesta de julio, el bullicio resonante invade las calles con personas vestidas de gala para rendir homenaje al Patrón del Pueblo. Por doquier se observa a hombres y mujeres engalanados con sus mejores atuendos, predominando el azul que caracteriza las vestimentas festivas. La Plaza de Armas se colma de visitantes y devotos, mientras las jóvenes mujeres lucen como perfumadas flores silvestres, rosadas cual rosas de castilla y agraciadas como las auroras limpias de los cielos andinos.
El Apóstol Santiago “El Mayor” ha obrado, una vez más, el milagro de reunir a sus hijos dispersos por diversos lugares del Perú y del mundo. Todos retornan a su tierra natal para reencontrarse con familiares, amigos y tradiciones en el marco de la fiesta patronal del 15 julio al 02 de agosto. Junto a ellos llegan también numerosas comparsas y mojigangas que llenan de alegría y color las calles del pueblo.
Los cohetes, avellanas y castillos retumban con fuerza, como si
quisieran anunciar la festividad a través de los campos, quebradas y cerros
solitarios que rodean la provincia. Sus ecos se extienden por la geografía
proclamando que el día de la fiesta grande ha llegado.
En el día central, la procesión del Patrón del Pueblo avanza en medio de un singular cortejo de danzantes y devotos. Encabezan el recorrido diversas expresiones folclóricas que aportan colorido y tradición a la celebración. Destacan los Pallos, ataviados con su mejores uniformes de colores, conformados por numerosas cuadrillas de hombres; el Quishpe Cóndor, representado por un cóndor conducido por un personaje de apariencia mística; los Turcos, con sus vistosos trajes multicolores y amplias polleras que les confieren una apariencia llamativa y singular; y las Quiyayas, mujeres elegantemente ataviadas con blusas y faldas de colores, portando cañas adornadas con cintas y sombreros tradicionales, mientras entonan suaves estribillos guiadas por el personaje del negro palangana.
Todos disfrutan contemplando las danzas y escuchando el sonido evocador de flautas y cajas que acompañan el recorrido. La alegría colectiva se apodera del pueblo y transforma cada rincón en un escenario de encuentro, devoción y fiesta. Las calles se llenan de color, tradición y fervor popular, mientras los corazones laten al compás de las antiguas costumbres heredadas de sus antepasados.
Para algunos espectadores, estas celebraciones también despiertan reflexiones sobre la convivencia entre la fe católica y las antiguas manifestaciones culturales heredadas de los pueblos andinos. En ellas parecen fusionarse elementos religiosos y costumbres ancestrales que han logrado sobrevivir al paso del tiempo, dando a la fiesta una identidad única y profundamente popular.
Esperamos que las futuras celebraciones de julio continúen preservando su riqueza cultural y espiritual, incorporando al mismo tiempo los beneficios del progreso, para que la fiesta no solo fortalezca la identidad y la fe de los santiagochuquinos, sino que también contribuya al desarrollo y bienestar de toda la comunidad.
Santiago de Chuco, 26 de julio del 2026
(Fotos del autor)
(*)
Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación,
investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades,
directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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