DON PEDRO AURORA, EL CURANDERO DE SANTIAGO DE CHUCO

(Por su eterno descanso en su viaje al cielo)

Dr. Javier Delgado Benites (*)

Don Pedro Aurora Espinola fue un conocido vecino del sector La Parva de la Virgen, del barrio Santa Mónica de Santiago de Chuco. Durante muchos años se dedicó a la práctica de la medicina tradicional, atendiendo principalmente a personas provenientes de las zonas rurales de la provincia. Fue reconocido como curandero, huesero y partero, y, según sus propios testimonios, siempre realizó su labor con la intención de ayudar a quienes acudían a él.
Su manera de diagnosticar los males consistía, entre otras prácticas, en tomar el pulso de la persona. A través de este procedimiento, según me manifestaba podía conocer qué enfermedad o malestar padecía. Sus tratamientos se realizaban principalmente mediante sahumadas y procedimientos externos, sin recurrir a medicamentos para ingerir, salvo algunas preparaciones tradicionales en casos específicos.
Tuve el privilegio de conversar cuando visitaba mi tierra y cofiarme sus secretos y algunas anécdotas de su vida de curandero en Santiago de Chuco.
CURABA LOS MALES DEL AIRE
Entre los males que Don Pedro Aurora trataba se encontraban diferentes tipos de “aire”, según las creencias y conocimientos de la medicina tradicional de la época.
AIRE DE CERRO
Según Don Pedro, el aire de cerro podía afectar a una persona cuando transitaba por algún cerro durante una “mala hora”. Entre las horas consideradas peligrosas estaban las once de la mañana y las seis de la tarde.
La persona afectada perdía el apetito y comenzaba a adelgazar progresivamente, hasta quedar muy delgada, “como pescado seco”, según su propia expresión.
Para curarlo, se utilizaban determinadas ramas secas que se colocaban sobre las brasas para producir humo y vapor. La persona permanecía cerca y absorbía el humo de la sahumada, procedimiento que, según la tradición, permitía expulsar el mal.
AIRE DE CAMPO
El aire de campo, de acuerdo con Don Pedro, estaba relacionado con lugares solitarios y con la desolación de algunos puquios. La persona afectada podía comenzar a hincharse.
Las horas consideradas propicias para que este mal atacara eran las seis de la mañana, las once del día y las seis de la tarde. Para su tratamiento se utilizaban ramas secas que se colocaban sobre las brasas, produciendo el humo que la persona debía absorber.
El tratamiento se realizaba mediante tres sahumadas, conocidas tradicionalmente como “parinón”. Después del procedimiento, la persona comenzaba a recuperar el apetito y, según Don Pedro, podía llegar a exclamar: “¡Mi comida, mi comida!”.
AIRE DE RÍO DE AGUA SUCIA
Este mal estaba relacionado, según la creencia tradicional, con el tránsito por ríos o quebradas de agua sucia, especialmente durante la época de invierno y en determinadas horas del día.
Don Pedro relataba que este aire podía afectar el cerebro de la persona, provocándole desorientación y comportamientos extraños, como caminar sin rumbo o gritar.
Para su tratamiento se utilizaban las “poñas” o plantas que crecían en las orillas de los ríos y quebradas de aguas turbias. Estas se dejaban secar y luego se utilizaban para realizar tres sahumadas, procedimiento que, según la tradición, permitía recuperar la salud.
AIRE MALIGNO
El aire maligno, según Don Pedro, afectaba principalmente a los jóvenes, especialmente durante la noche. Relataba que una persona podía ir caminando mientras estaba preocupada o pensando en algún asunto y, de repente, ver un bulto o una figura delante de ella. Al voltear nuevamente, ya no encontraba nada. Después podía comenzar a gritar o presentar un comportamiento descontrolado.
Para combatir este mal se utilizaba ají colorado seco, junto con sus venas, además de estiércol seco de vaca, burro, mula. Todo se quemaba junto para producir un humo fuerte.
La persona debía permanecer cerca del fuego y absorber el humo de la sahumada. El procedimiento continuaba hasta que la propia persona manifestaba que ya se encontraba curada.
AIRE DE PUQUIO
El aire de puquio, según la tradición relatada por Don Pedro, se producía cuando una persona pasaba cerca de un puquio durante una “mala hora”. De pronto podía comenzar a temblar y, al voltear para mirar el lugar, ya no encontraba el puquio ni aquello que había visto anteriormente.
Al llegar a su casa, podía quedarse dormida y luego presentar confusión o dificultades para comprender lo que ocurría a su alrededor. Don Pedro consideraba que este mal afectaba principalmente al cerebro.
Para curarlo utilizaba ají y otros elementos empleados tradicionalmente en el tratamiento del aire de cerro, pues consideraba que el agua del puquio provenía de las entrañas del cerro.
CURABA LOS MALES DEL SUSTO
Don Pedro Aurora también atendía diferentes tipos de “susto”, entre ellos:
 Susto de cerro.
 Susto de puquio.
 Susto de campo.
 Susto de muerto.
 Susto de toro.
Para estos casos realizaba tres “alumbres” y luego sobaba todo el cuerpo de la persona. Posteriormente, utilizaba las brasas como parte del procedimiento tradicional. Según su relato, durante este proceso podía aparecer una figura relacionada con aquello que había provocado el susto.
UN CURANDERO QUE TRABAJABA PARA HACER EL BIEN
Don Pedro afirmaba que también había atendido casos relacionados con la brujería y que era capaz de contrarrestar los daños que, según las creencias populares, podían ocasionar las personas dedicadas a esas prácticas.
Se consideraba un buen curandero y sostenía que había ejercido su oficio por designio de Dios. Nunca quiso utilizar sus conocimientos para hacer daño; por el contrario, decía que su propósito era ayudar a las personas y combatir los males que otros podían ocasionarles.
SUS LARGOS RECORRIDOS POR LA ZONA RURAL
Don Pedro contaba que comenzó a ejercer este oficio aproximadamente a los dieciocho años. Desde entonces recorrió numerosos pueblos y caseríos de la zona rural de Santiago de Chuco. En su maletín llevaba sus implementos de trabajo y diversas hierbas secas que utilizaba en sus tratamientos.
En aquellos años no existían las carreteras que hoy comunican los diferentes lugares de la provincia. Por ello, debía caminar largas distancias para llegar hasta sus pacientes. En ocasiones se ausentaba durante varios días y solo regresaba a Santiago de Chuco cuando había terminado sus hierbas o necesitaba preparar nuevas provisiones.
En las comunidades rurales llegó a ser ampliamente conocido. Las personas lo buscaban para solicitarle determinados preparados tradicionales y él mismo los elaboraba.
Además de sus conocimientos como curandero, llevaba consigo cartas o naipes y realizaba lecturas a las personas que acudían a él para conocer, según las creencias de la época, aspectos de su futuro.
EL LEGADO DE SUS PADRES
Don Pedro Aurora nació el 15 de abril de 1937. Su padre, Juan Aurora Paredes, era natural de Cajamarca y también practicaba la medicina tradicional. Su madre fue María Espínola Rodríguez, originaria de la zona de Julcán.
Don Pedro relataba que su padre conoció a su madre y posteriormente la llevó a su tierra. El nació en Cajamarca y, a los catorce años, fue trasladado a la tierra de su madre, radicando en Sangual, lugar que en aquel entonces pertenecía a la provincia de Santiago de Chuco.
Fue precisamente de su padre de quien aprendió muchos de los conocimientos relacionados con la medicina tradicional. Posteriormente, esos conocimientos le permitieron recorrer diversos pueblos de la provincia y atender a numerosas personas.
PARTERO
Una de las facetas más recordadas de Don Pedro fue su labor como partero. Era muy solicitado en los pueblos y caseríos de la zona rural para atender a mujeres durante el parto.
Según su relato, utilizaba una pata de venado como instrumento tradicional. Cuando consideraba que el momento del nacimiento estaba próximo, tomaba el pulso de la parturienta y luego frotaba cuidadosamente la pata de venado sobre el abdomen. También realizaba maniobras externas que, según sus conocimientos, permitían acomodar al niño para facilitar el nacimiento.
Don Pedro recuerda que durante los partos que atendió no tuvo problemas graves y que logró ayudar a muchas mujeres a dar a luz.
ANÉCDOTAS:
UNA HISTORIA DE GEMELOS EN EL HOSPITAL
Una de las anécdotas que Don Pedro recuerda con mayor orgullo ocurrió en el hospital de Santiago de Chuco.
En una oportunidad, una señora llegó al hospital con dificultades para dar a luz. El médico encontraba problemas porque el nacimiento no se producía con normalidad. Al enterarse de la situación, hicieron llamar a Don Pedro.
Cuando llegó, le tomó el pulso a la mujer y, según su interpretación, advirtió que los niños se encontraban en una posición complicada. El médico consideraba necesario trasladarla de emergencia a Trujillo. Sin embargo, Don Pedro le pidió que esperara unos momentos.
Comenzó entonces a realizar sus procedimientos tradicionales para acomodar a los bebés y descubrió, según su relato, que no se trataba de un solo niño, sino de dos: eran gemelos y ambos se encontraban atravesados.
El médico estaba preocupado por la situación, pero Don Pedro le pidió tranquilidad y continuó con su trabajo. Mientras transcurrían los minutos, le repetía:
 Tranquilícese, doctor, déjemelo en mis manos.
Finalmente, logró acomodar a los niños y ambos nacieron vivos y en buenas condiciones. El médico pudo entonces tranquilizarse y, según recuerda Don Pedro, terminó felicitándolo por el resultado.
EL CASO DE UNA JOVEN DE MUCHUCAYDA
En otra ocasión llevaron al hospital a una joven embarazada procedente de Muchucayda. Según el relato de Don Pedro, la mujer había sufrido cólera y llevaba aproximadamente dos días con el niño muerto en su vientre.
Los médicos no sabían cómo proceder en aquel momento y nuevamente solicitaron la presencia de Don Pedro. Él llegó, tomó el pulso de la joven y, según su interpretación, confirmó que el niño había fallecido.
Entonces le manifestó al médico:
 Deme diez minutos. Voy a mi casa a traer el medicamento.
Don Pedro regresó con una preparación tradicional elaborada con cerraja, amapola y otras hierbas. Las había hervido y colocado en una botella de aproximadamente un litro.
Según su relato, hizo sentar a la joven y le dio la preparación para que la tomara, indicándole que debía terminar todo el contenido. Después de beberla, la joven comenzó a recuperar su color natural y su estado general.
Don Pedro entonces le manifestó al médico:
 De aquí en adelante es cosa suya. Usted verá cómo saca al niño, si es necesario operarla.
Según recuerda, posteriormente se procedió a atender el parto y se logró extraer al niño.
UN PERSONAJE DE LA MEDICINA TRADICIONAL SANTIAGOCHUQUINA
La vida de Don Pedro Aurora forma parte de la memoria popular de Santiago de Chuco. Durante décadas recorrió caminos, pueblos y caseríos llevando consigo sus conocimientos tradicionales, heredados principalmente de su padre.
Para muchas familias de la zona rural fue un hombre de confianza al que acudían cuando no encontraban solución a sus dolencias o cuando necesitaban la ayuda de un partero. Sus prácticas, basadas en las creencias andinas, las plantas medicinales, las sahumadas y los conocimientos transmitidos de generación en generación, constituyen parte de una tradición que durante mucho tiempo estuvo profundamente arraigada en la vida de los pueblos andinos.
Más allá de las creencias y de la valoración que hoy pueda hacerse de sus métodos desde la medicina moderna, la historia de Don Pedro Aurora permite conocer una parte de las costumbres, saberes y formas de entender la salud que existieron en Santiago de Chuco durante el siglo XX. Su testimonio constituye, por ello, un valioso recuerdo de la medicina tradicional y de la cultura popular de nuestra tierra.
Descansa en paz Don Pedro Aurora, su legado será recordado por la familia y las personas que lo brindó sus servivios de curar sus males.

(Foto del autor)

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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