EL PASEO DE VACAS Y LA COSTUMBRE DE BOTAR CERVEZA EN LA FIESTA PATRONAL DE SANTIAGO DE CHUCO
Dr.
Javier Delgado Benites (*)
La donación de una vaca
constituye una expresión de profunda fe, gratitud y devoción al Apóstol
Santiago "El Mayor", patrono de Santiago de Chuco. Como
reconocimiento a este acto de generosidad, el nombre del donante es consignado
en el programa oficial de la fiesta patronal. Tradicionalmente, la ofrenda
consistía en la entrega de una vaca viva, algunos días antes de la celebración
central, en la casa del mayordomo, quien la recibía como parte de las
contribuciones destinadas a la festividad. En la actualidad, debido a que la
organización de la fiesta recae en los barrios, la entrega se realiza en la
casa barrial correspondiente.
En los últimos años, la
donación de la vaca va acompañada de un vistoso paseo por las calles principales
del pueblo. Durante este recorrido, los donantes, junto con sus familiares,
amigos e invitados, conducen la vaca profusamente adornada, mientras los
acompaña una banda de músicos y, en muchos casos, motocicletas de carga o
mototaxis repletos de cajas de cerveza. En algunos casos, el despliegue
adquiere un carácter ostentoso que busca poner de manifiesto la capacidad
económica de los donantes.
A lo largo del recorrido, los donantes,
familiares e invitados bailan con entusiasmo y celebran al compás de la música.
En medio del ambiente festivo, es frecuente que arrojen cerveza entre los
asistentes como una expresión de júbilo y camaradería. Para quienes participan
activamente, esta práctica simboliza la alegría desbordante de la celebración;
sin embargo, una parte del público que presencia el desfile la considera
incómoda, ya que con frecuencia termina mojado sin haberlo deseado, incluso
cuando asiste luciendo sus mejores prendas para la ocasión. Esta situación ha
generado diversas opiniones entre quienes defienden la costumbre adoptada como
parte de la festividad y quienes consideran necesario promover formas de
celebración que respeten tanto a los participantes como a los espectadores.
Conversando aquel mismo
23 de julio, durante el tradicional paseo de vacas, me reencontré con algunos
amigos a quienes no veía desde hacía mucho tiempo y años. En medio de los
recuerdos, las anécdotas y la alegría del reencuentro, surgió un tema que captó
nuestra atención; hasta el lugar donde conversábamos llegaban constantes
salpicaduras de cerveza provenientes de quienes participaban en la celebración.
Ante esa situación, surgió la pregunta:
-
¿Cuál es la opinión sobre el
arrojo de cerveza que estábamos presenciando y del cual también estamos
involuntariamente afectados?
Uno de ellos manifestó:
- No se debe arrojar
cerveza. Imagínate comprar cerveza para luego botarla, tan caro que está una
cerveza es una cachetada a la pobreza.
Otro respondió:
- Es difícil erradicar
esta costumbre porque ya ha calado bastante en la gente. Yo veo que muchos se
divierten más, que en la propia fiesta.
Un tercer amigo opinó:
- Veo que la gente se
organiza y se divierte; al fin y al cabo, es su dinero que gastan. Sin embargo,
me parece exagerado desperdiciar la cerveza de esa manera.
Otro comentó:
- En lugar de botarla,
podrían comprar cerveza en lata y regalarla a las personas que disfrutan de esa
actividad. Sería un mejor gesto y la gente estaría agradecida.
Finalmente, uno más añadió:
- Lo que haría sería
comprar cerveza, invitar a la gente dándole un vaso de cerveza en un vaso de plástico
a quienes están presenciado dicho paseo de vacas. Así todos compartiríamos sin
desperdiciar y que viva la fiesta del pueblo.
En ese momento, cada uno expresó su punto de
vista sobre esta práctica de arrojar cerveza. Aunque las opiniones eran
diversas, todos coincidíamos en un aspecto fundamental, era necesario buscar la
forma de ir erradicando esta costumbre que no es nuestra, y no nos identifica.
Entonces surgió la pregunta:
¿Cuál sería la mejor manera
de lograrlo?
Uno de ellos propuso:
- La Municipalidad
debería emitir una ordenanza que prohíba el arrojo de cerveza durante el paseo
de las vacas.
Otro respondió:
- La Mayordomía o el cura
también debería analizar este asunto y asumir un papel orientador para
preservar el verdadero sentido de la celebración.
Todas las opiniones de los amigos eran
respetadas, cada uno con sus puntos de vista, hay libertad de expresión.
Mi punto de vista, para cambiar o frenar una
costumbre social relativamente nueva, como el arrojo de cerveza durante el paseo
de vacas, es necesario recurrir principalmente a la educación, al diálogo
social y, de ser necesario, a normas claras cuando esta práctica genere
incomodidad o afecte el desarrollo de la festividad. Las prohibiciones por sí
solas rara vez son efectivas si la población no comprende las razones que las
sustentan.
La esencia de la fiesta patronal de Santiago de
Chuco siempre ha sido el encuentro entre familiares y amigos, la convivencia,
el respeto mutuo y la preservación de las tradiciones heredadas de nuestros
antepasados. Toda costumbre nueva debe ser evaluada a la luz de esos valores.
Si una práctica termina promoviendo el desperdicio, generando incomodidad o
desvirtuando el verdadero espíritu de la celebración, corresponde reflexionar
sobre ella y buscar alternativas que permitan conservar la alegría de la fiesta
sin perder el respeto por los demás. Después de todo, las mejores tradiciones
son aquellas que unen a un pueblo y fortalecen la identidad cultural para las
futuras generaciones.
(Fotos del autor)
(*)
Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación,
investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades,
directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos
que pueden ser reproducidos
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