EL TEATRO. UNA TRADICIÓN QUE MARCÓ LA HISTORIA EN SANTIAGO DE CHUCO
Dr. Javier Delgado Benites (*)
Santiago de Chuco es un pueblo cuya historia como provincia ha estado profundamente vinculada al desarrollo de las actividades culturales y teatrales. Una de las primeras representaciones escénicas de las que se tiene referencia fue la puesta en escena de la obra “Ollantay”, realizada por el Centro Femenino Bellido por la década de 1920. Posteriormente, durante los años cuarenta, el teatro escolar alcanzó un notable dinamismo en los diferentes centros educativos de la provincia.
Los corredores de muchas viviendas estilo colonial se convertían en improvisados escenarios donde se representaban obras de dramaturgos nacionales e internacionales, deleitando a la comunidad. Poco importaba que las funciones se realizaran bajo la tenue luz de lámparas o candiles, o que cada espectador tuviera que llevar su propia silla o banco para disfrutar de la presentación. Lo verdaderamente importante era el entusiasmo por el teatro y el encuentro con la cultura.
Es necesario destacar a los dramaturgos de Santiago de Chuco que enriquecieron este legado cultural. Entre ellos figura Eulogio Benites Ávila, autor de “El Huerfanito”, considerada hasta el momento la primera producción teatral escrita en el pueblo. Más adelante aparecen “La Muñeca de Oropel”, de Abraham Arias Larreta; “Chan Chan”, de Manuel Ascensión García; y “La Respuesta Macabra”, de Samuel R. Mendoza.
En los primeros años del Colegio Nacional César Vallejo, a fines de la década de 1950, los estudiantes participaban activamente en representaciones teatrales bajo la dirección del profesor Mauro Alcántara. La profesora Digna García Cribilleros evoca aquellos recuerdos y relata lo siguiente: “Don Mauro Benites Alcántara fue un gran educador. Sus clases eran magistrales que calaron en el alma de quienes tuvimos el honor de ser sus alumnos. Inquieto intelectual. El profesor incursionó en el teatro poniendo en escena: 1. "Los árboles mueren de pie” del escritor Español Alejandro Casona. En ella, participamos: Ángel Santa María, Eredith Rojas, Hayde Rojas, Adolfo Tiburcio, Tito Caballero, Aníbal García Cribilleros, Guillermina Alayo, entre otros. El maquillaje y caracterización estuvo a cargo de Don Jorge Montoro. La presentación de la obra fue exitosa por eso invitaron para ser presentada en Quiruvilca. 2. "El señor Diputado". Esta obra fue escrita por el Dr. Maurino Guerrero Alegre. Él era director del Colegio Nacional mixto César A. Vallejo Mendoza. La obra es una protesta contra los políticos corruptos de aquel entonces. Su escenificación provocó la destitución del Dr. Maurino Guerrero Alegre como director del colegio César A. Vallejo Mendoza, y además, su encarcelamiento. ¡Que abuso! En la escenificación de esta obra participamos entre otros el Dr. Numa Pompilio Romero que hizo el papel de fiscal, Maura Paredes Siccha, etc. La presentación de esta obra fue un éxito, siendo ovacionada una y otra vez”.
En la década de 1970 sobresalió Francisco Miñano Benites con sus obras “Remembranzas y Recordando a Vallejo”; mientras que en los años ochenta Wellington Castillo Sánchez aportó con la obra “Siempreviva” y otras.
Entre mis recuerdos de escolar permanece muy vivo el teatro escolar. En la escuela era una actividad permanente y los estudiantes participaban en representaciones durante las celebraciones cívicas y las actuaciones escolares. Asimismo, en la comunidad santiagochuquina era frecuente disfrutar de funciones teatrales y de varietés que se realizaban por las noches.
A finales de la década de 1970 y durante los años ochenta, época en la que cursé mi educación primaria y secundaria en Santiago de Chuco, el movimiento cultural alcanzó uno de sus mejores momentos. El Teatro Municipal mantenía una intensa actividad, con presentaciones dos o tres veces por semana. Nosotros, niños y adolescentes, hacíamos todo lo posible por asistir a esos espectáculos, con dinero o sin dinero; en mi caso, no dejaba pasar ninguna oportunidad para presenciarlos, pues cada función representaba una experiencia de aprendizaje y admiración por el arte.
Por aquellos años, Santiago de Chuco respiraba cultura. Estudiante en el colegio era emocionante ver actuar al grupo teatral Tungsteno, presidido por mi profesora de Lenguaje y Literatura (hoy Comunicación), Esther Enríquez Tiburcio, y dirigido por el señor Gustavo Escobedo. Integraban este destacado elenco Francisco Baca Benites, Roxana Vásquez Saavedra, Abraham Díaz Morillo, Aurora Rojas Benites, Antonieta Geldres Villacorta y mis compañeros de estudios del colegio Isabel Narro Alcántara y Eduar Salinas Vásquez. Eran actores espontáneos, pero con un talento admirable y una entrega total a los personajes que interpretaban.
Hasta donde tengo conocimiento, este importante movimiento teatral se mantuvo activo hasta mediados de la década de 1990. Después, poco a poco, el teatro y muchas otras manifestaciones culturales fueron perdiendo espacio y protagonismo. Con ello, Santiago de Chuco dejó atrás una de las expresiones artísticas que durante décadas fortaleció su identidad y enriqueció la vida cultural de su población.
Tuve la oportunidad de gozar el teatro y los varietés en mi querido Santiago de Chuco, donde las organizaciones culturales y los centros educativos, tanto de primaria como de secundaria, vivían la efervescencia cultural a plenitud.
Cada presentación era una verdadera fiesta del espíritu. Los escenarios, por más sencillos que fueran, se transformaban en espacios donde florecían el talento, la creatividad y el entusiasmo de niños, jóvenes y maestros. Se representaban obras teatrales, estampas costumbristas, declamaciones, números musicales y danzas que despertaban la admiración del público y fortalecían el orgullo de pertenecer a nuestra tierra.
Aquella intensa vida cultural dejó una huella imborrable en quienes tuvimos el privilegio de vivirla. El teatro y los varietés no solo entretenían; también educaban, despertaban vocaciones y cultivaban la sensibilidad artística de toda una generación. Evocar esos años es recordar un Santiago de Chuco vibrante, donde el arte ocupaba un lugar de honor en la formación de su gente y en la vida cotidiana del pueblo.
Todo lo logrado culturalmente en aquellos tiempos parece haberse desvanecido. Hoy, gran parte de ese fervor artístico ya no existe. Incluso el Teatro Municipal, que debería ser el principal símbolo de la cultura de nuestro pueblo, se encuentra deteriorado y relegado. La escasa atención que las autoridades han prestado al desarrollo cultural ha permitido que espacios tan valiosos pierdan el protagonismo que alguna vez tuvieron.
Santiago de Chuco, donde el teatro y los varietés fueron motivo de encuentro, aprendizaje y alegría para varias generaciones, hoy contempla con nostalgia cómo esas expresiones artísticas han quedado en el olvido. Resulta imprescindible que las autoridades locales, en estrecha coordinación con las autoridades educativas e instituciones educativas y las organizaciones culturales, vuelvan a involucrarse decididamente en la promoción del arte y la cultura. Un pueblo que posee un teatro digno fortalece su identidad, preserva su memoria y ofrece a las nuevas generaciones un espacio para desarrollar su talento.
La capital de la poesía peruana, no puede renunciar a la riqueza de su legado cultural. Recuperar el teatro y reavivar la actividad artística no significa únicamente restaurar o modernizar el actual edificio, sino también devolverle el alma a un pueblo cuya historia ha sido escrita con versos, música, tradiciones y expresiones escénicas. Que el telón vuelva a levantarse será la mejor señal de que la cultura ha recuperado el lugar que siempre debió ocupar en el corazón de nuestra santa tierra.
(Foto simulada del autor)
(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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