SANTIAGO MARTÍNEZ TOCABA LA GAITA EN SANTIAGO DE CHUCO

Dr. Javier Delgado Benites (*)
En Santiago de Chuco en épocas del siglo pasado, cuando aún no existían equipos de sonido ni la música grabada dominaba las celebraciones, las serenatas constituían una de las expresiones más románticas y tradicionales. El sonido de los instrumentos musicales recorría las silenciosas calles angostas y empedradas durante la noche, llevando mensajes de amor y esperanza. Entre aquellos músicos populares destacó un personaje singular que hizo de la gaita un instrumento inolvidable para varias generaciones.
La gaita es un instrumento musical de viento poco común en el Perú y aún más raro en la sierra liberteña. En Santiago de Chuco existió un destacado ejecutante de este instrumento, don Santiago Martínez, conocido cariñosamente por todos como "Choclo Verde", quien vivía en el jirón Ramón Castilla, en la parte alta del barrio San Cristóbal.
Nadie sabía con certeza dónde ni cómo había aprendido a interpretar la gaita, instrumento compuesto por un tubo perforado denominado PUNTERO, insertado en un ODRE o SACO, que sirve como depósito de aire. Mediante la presión ejercida sobre el odre, el aire es expulsado por otro tubo, mientras que el ejecutante cubre y descubre los orificios con los dedos para producir diferentes notas y melodías.
Este instrumento de viento era muy poco difundido en Santiago de Chuco y en el resto del país, siendo más conocido y utilizado en diversas regiones de Europa. Sin embargo, en manos de Santiago Martínez adquiría una sonoridad especial que despertaba admiración entre quienes lo escuchaban.
Martínez interpretaba la gaita con extraordinaria habilidad y sensibilidad. Era frecuente que los jóvenes enamorados lo contrataran para acompañar las serenatas dedicadas a sus amadas, ocasión en la que ejecutaba hermosos yaravíes y otras melodías llenas de sentimiento.
Llegada la noche señalada, el enamorado, acompañado por un grupo de amigos y por Santiago Martínez con su inseparable gaita, se dirigía discretamente hasta la vivienda de la joven que inspiraba sus desvelos. Generalmente se ubicaban al pie del balcón o de una ventana y, al compás del melodioso sonido de la gaita, las voces de los serenatistas rompían el silencio nocturno interpretando sentidos yaravíes que conmovían a quienes los escuchaban.
Muchas jovencitas, al reconocer aquellas melodías que brotaban del singular instrumento, se emocionaban profundamente. Algunas abrían la puerta o se asomaban tímidamente al balcón para agradecer el gesto del enamorado; otras permanecían ocultas, escuchando en silencio, mientras el pretendiente esperaba, aunque fuera por un instante, una mirada o una sonrisa que recompensara el esfuerzo realizado en nombre del amor.
El éxito de aquellas serenatas hizo que Santiago Martínez fuera cada vez más solicitado. Sin embargo, el constante bullicio nocturno que se generaba en las calles de Santiago de Chuco comenzó a incomodar a algunos vecinos. Finalmente, la autoridad municipal emitió una disposición prohibiendo que Santiago Martínez continuara tocando la gaita durante las serenatas, poniendo fin a una costumbre que había alegrado innumerables noches de romance.
El recuerdo de Santiago Martínez, "Choclo Verde", permaneció vivo en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de escucharlo. Su talento convirtió a la gaita en un instrumento entrañable dentro de la historia musical de Santiago de Chuco, demostrando que la música también forma parte del patrimonio sentimental de los pueblos.
En la época en la que el amor se expresaba con serenatas, respeto y poesía, cuando bastaban una melodía, una noche estrellada y el sonido inconfundible de una gaita para conquistar un corazón. Personajes merecen ser recordados porque enriquecieron la identidad cultural santiaguina y dejaron una huella imborrable en las tradiciones de su tierra.
(Relato contado por mi extinto padre durante mis visitas a Santiago de Chuco, especialmente en épocas de vacaciones. En aquellas ocasiones, pasábamos largas horas conversando con mis padres, quienes me contaban infinidad de historias, anécdotas, costumbres y vivencias de su época. Muchas de esas narraciones permanecen hasta hoy grabadas en mi memoria y, con el paso de los años, he sentido la necesidad de escribirlas para conservarlas y dejar constancia de ellas como parte de nuestra historia familiar y como un legado de la cultura, las tradiciones y las costumbres de nuestro querido pueblo de Santiago de Chuco).

(Foto simulada del autor)

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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