EL PALANGANA EN SANTIAGO DE CHUCO. ENTRE LA APARIENCIA Y LA REALIDAD
Dr. Javier Delgado Benites (*)
La palabra palangana, en el hablar popular de Santiago de Chuco, no se refiere únicamente a una persona presumida o arrogante, sino también a una manera particular de vivir y relacionarse con los demás; aparentar abundancia, buscar reconocimiento y gastar incluso lo que no se tiene con tal de mantener una imagen de importancia. Es una expresión que forma parte de la riqueza del lenguaje popular y de las formas particulares con las que los santiagochuquinos describimos el carácter y las costumbres de las personas de nuestro pueblo.
En Santiago de Chuco, el palangana es aquella persona que quizá no tiene mucho dinero o tiene dinero arrendado, pero aparenta tenerlo. Incluso, el poco dinero que posee puede gastarlo con tal de que sus amigos, familiares o vecinos lo miren, hablen de él y comenten sobre su supuesta prosperidad. El palangana necesita sentirse admirado y busca permanentemente llamar la atención, ya sea por la ropa que viste, por lo que invita, por las cosas que compra o por la manera ostentosa en que se comporta. Para él, lo importante no es tanto tener, sino aparentar que tiene.
En el pueblo, fácilmente se podía reconocer al palangana por sus maneras, sus ocurrencias y su forma de comportarse. Podía llegar a la fiesta de julio o una fiesta vecinal, amical o familiar haciendo alarde de sus posibilidades, invitando unas cervezas, vinos u otro licor, pagando una ronda o gastando más de lo que su bolsillo le permitía, solamente para ganarse la admiración de los presentes. Muchas veces, después de la fiesta, podía quedarse sin un sol en el bolsillo, pero se marchaba satisfecho porque había conseguido aquello que buscaba; que todos hablaran de él.
También puede presumir de sus amistades, de sus viajes, de sus negocios o de cualquier cosa que le permitiera aparentar una posición económica o social superior a la que realmente tenía. En las conversaciones, siempre encuentra la manera de hacer notar lo que posee o lo que supuestamente está en condiciones de hacer. Y si alguien duda de sus posibilidades, inmediatamente busca demostrar lo contrario, aunque para ello tuviera que realizar un gasto innecesario.
Recuerdo, hace algunos
años, cuando se acercaba la Fiesta de Julio en honor al Apóstol Santiago, unos paisanos se reunieron en Trujillo donde vivían. Entre bromas y comentarios sobre las próximas
celebraciones, uno de ellos le decía a otro:
- Vamos a la fiesta un
par de días. Nos palanganeamos esos dos días, tomamos, bailamos y nos
divertimos; ¿para qué más? Con eso nos contentamos y después regresamos a
nuestras vidas diarias, a seguir trabajando.
- Sí, pues. Me estás
animando a ir a la fiesta. Voy a hacer todo lo posible para ir -respondió el
amigo.
Llegada la Fiesta de
Julio, dichos amigos se fueron a Santiago de Chuco decididos a disfrutarla a lo
grande. Durante esos días tomaron, bailaron y gastaron. No escatimaron en
gastos; querían pasarla bien, divertirse y, sobre todo, demostrar que estaban disfrutando
de la fiesta como se debe.
Después, al regresar a
sus actividades cotidianas y al lugar donde viven, comenzaron los comentarios
de la gente. Por las calles se hablaba de ellos y de la manera en que habían
disfrutado la celebración:
-
¡Lo
he visto a fulano y a sutano! Estaban todas unas palanganas, como si no nos
conocieran, ni nos hablaban.
La expresión causaba gracia entre quienes conocían la historia, porque aquellos amigos habían cumplido exactamente con lo que se habían propuesto; ir a la fiesta, olvidarse por un par de días de las preocupaciones, tomar, bailar, gastar y, sobre todo, palanganearse.
Es común escuchar de la gente del pueblo que, después de alguna de estas
demostraciones de ostentación, entre risas y comentarios, alguien dijera:
- ¡Qué palangana eres!
La expresión podía decirse en tono de burla, de crítica o incluso con cierta simpatía, dependiendo de la confianza entre quienes conversan. No necesariamente constituía un insulto; muchas veces era una manera picaresca y coloquial de describir a aquella persona que vivía demasiado pendiente de las apariencias y de lo que los demás pudieran pensar de ella.
El palangana busca, sobre todo, ser visto y reconocido. Le preocupa que los demás piensen que tiene dinero, que puede gastar, que disfruta de una buena posición o que está por encima de los demás. Su satisfacción no está necesariamente en aquello que compra o disfruta, sino en las miradas, los comentarios y la admiración que logra despertar. De alguna manera, convertía su propia vida en una especie de escenario donde necesita representar, ante los demás, una prosperidad que muchas veces no corresponde con su verdadera realidad.
La palabra palangana nos recuerda que las apariencias pueden engañar y
que no siempre quien más presume es quien más tiene. En Santiago de Chuco,
donde todos se conocen y las noticias corren rápidamente de boca en boca, tarde
o temprano se termina conociendo la verdadera situación de cada persona. Por
eso, más importante que aparentar riqueza, buscar admiración o gastar para
impresionar a los demás, es vivir con sencillez, dignidad y autenticidad. El
dinero puede acabarse después de una fiesta, pero el respeto y la buena
reputación se construyen con los años. Así, la palabra palangana, con su
particular sabor santiagochuquino, queda como parte de nuestra memoria oral y
de ese rico vocabulario popular que permite describir, con humor y picardía,
las diferentes formas de ser de nuestra gente.
(Foto simulada por el
autor)
(*)
Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación,
investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades,
directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos
que pueden ser reproducidos
citando
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DE INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS Y HUMANIDADES
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