LA MÚSICA QUE ACOMPAÑÓ MI VIDA DE ESTUDIANTE

Dr. Javier Delgado Benites (*)

Desde que tengo memoria, la música ha estado presente en los diferentes momentos de mi existencia. Ha sido una compañera silenciosa que, a través de sus melodías y letras, ha despertado recuerdos, emociones y sentimientos que permanecen grabados en mi memoria. Cada canción está ligada a una época, a un lugar, a una persona o a una experiencia vivida; por eso, al volver a escucharla, es como si el tiempo retrocediera y nuevamente pudiera encontrarme con aquellos momentos que forman parte de mi historia.
La música que escuché desde niño fue alimentando mi alma en cada etapa de mi vida y me ayudó a fortalecerme día a día. Escuchar una melodía despertaba en mí el deseo y el entusiasmo de seguir viviendo, acompañado por una canción que, con su letra poética y su armonía, me hacía sentir bien y realizar mis actividades con mayor alegría.
Cuando era niño, cantaba algunas canciones que escuchaba en la radio o en el tocadiscos de mi casa. Eran, principalmente, huainos, valses, cumbias, rancheras, marineras, yaravíes, y música del recuerdo, géneros que formaban parte de la vida cotidiana de muchas familias de aquella época. Las canciones llegaban a nuestros hogares a través de la radio y de los discos, y poco a poco iban quedándose en nuestra memoria.
En la escuela también descubrí el valor de la música. Allí aprendí y canté muchas canciones escolares muy bonitas, como Mamá Pacha, El cóndor pasa, La antara, entre otras. Eran canciones de gran significación para nosotros y las entonábamos de acuerdo con las diferentes fechas cívicas del calendario escolar. Esos momentos quedaron profundamente grabados en mi memoria, pues cantar junto a mis compañeros era también una manera de aprender, compartir y sentirnos parte de nuestra escuela y de nuestra comunidad.
Con el paso de los años, mis gustos musicales fueron cambiando y ampliándose. Cada etapa de mi vida estuvo acompañada por determinadas canciones y melodías. Algunas llegaron en momentos de alegría; otras, en circunstancias difíciles o de nostalgia. Sin darme cuenta, la música se convirtió en una especie de memoria sonora de mi existencia.
Por ello, la música que tuve cierta preferencia, que lo escuché durante las diferentes etapas de mi vida como estudiante la describo para dejar constancia de cada espacio vivido, de las canciones que marcaron mi camino y de los recuerdos que todavía despiertan cuando vuelvo a escucharlas. Porque algunas melodías no solamente se oyen, también se sienten, se recuerdan y nos transportan a aquellos lugares y momentos que nunca terminan de irse.
LA MÚSICA DEL RECUERDO
Cuando cursaba la primaria, por aquellos años, en las radios de las casas sonaba con frecuencia la llamada música del recuerdo. Una de las emisoras que más escuchábamos era Radio Unión, cuya programación llegaba hasta Santiago de Chuco con canciones de grupos y artistas que dejaron huella en toda una generación: Los Pasteles Verdes, de Chimbote; Los Ángeles Negros, de Chile; Los Terrícolas, de Venezuela; Los Galos; Quinta Rebelión, de Huancayo; Julio Iglesias; Roberto Carlos; Camilo Sesto; Nino Bravo; Raphael y Ronald Sáenz, entre otros.
Algunas canciones quedaron especialmente impregnadas en mi memoria. De Camilo Sesto recuerdo Siempre me voy a enamorar; de Nino Bravo, América y Un beso y una flor; de Los Pasteles Verdes, Reloj y Recuerdos de una noche; y de Ronald Sáenz, Azucena cantarina y Golondrina. Cada una de estas melodías parecía tener un lugar propio en mi niñez y, al volver a escucharlas muchos años después, despiertan recuerdos de aquella época.
También me gustaban canciones que estaban de moda entre los niños y adolescentes, como La mochila azul, interpretada por Pedrito Fernández; Chiquitita, del grupo ABBA; y la canción de Marco, de la recordada serie animada del mismo nombre. Al finalizar la primaria llegó el furor del grupo mexicano Menudo, cuya popularidad se prolongó hasta mis primeros años de secundaria. Por aquellos mismos años también causó sensación el grupo español infantil Parchís. Sus canciones eran tan populares que muchos de nosotros llegábamos a memorizar sus letras casi palabra por palabra.


LA MÚSICA DE PROTESTA
Mientras cursaba la primaria también tuve contacto con la llamada música de protesta o música revolucionaria. Por aquellos años, algunos jóvenes sentían gran admiración por la Revolución cubana y por figuras que habían adquirido una dimensión casi mítica en determinados sectores juveniles, como el Che Guevara, Fidel Castro, Luis De la Puente Uceda y Javier Heraud.
Esta música no siempre se escuchaba abiertamente. En algunas familias o en casa de determinados amigos, cuyos padres tenían ideales progresistas, se escuchaba de manera más reservada. Las canciones circulaban grabadas en casetes y también a través de cancioneros. Recuerdo a los grupos chileno Quilapayún e Illapu, con canciones como El Pueblo Unido jamás será vencido, La hierba de los caminos y Qué viva el Santo Padre; al argentino Atahualpa Yupanqui; al chileno Víctor Jara; y otras canciones que formaban parte de aquel repertorio, entre ellas Carabina 30-30, interpretada por Pedro Infante.
Esta música me llamaba la atención desde niño porque mi tío, a quien conocíamos como el Flaco, la escuchaba con frecuencia y tenía su propio cancionero. Él estaba vinculado al MIR, y en su entorno pude conocer, desde muy temprana edad, canciones que expresaban protesta, esperanza, rebeldía y una determinada manera de entender la realidad social de aquellos años.


LA MÚSICA ROCK DE LOS AÑOS 80
Cuando cursaba la secundaria llegó la fiebre de la música rock de los años ochenta. En mi casa y en el grupo de amigos sintonizábamos Radio Panamericana de Lima, una de las emisoras que dedicaba buena parte de su programación al Rock and Pop. Recuerdo especialmente la conducción de Gina Parker, cuya voz y manera de presentar las canciones eran inconfundibles.
La señal de Radio Panamericana llegaba a Santiago de Chuco con bastante claridad y nosotros la sintonizábamos con entusiasmo. Escuchábamos a grandes artistas y grupos internacionales como Michael Jackson, Stevie Wonder, Rod Stewart, Village People, Whitney Houston, Madonna, Roxette, Toto y muchos otros.
Prácticamente toda mi etapa secundaria estuvo acompañada por el Rock and Pop. Era el género que más prefería y que escuchaba con mayor entusiasmo, por encima de la música tropical andina o chicha, que por aquellos años también causaba furor entre muchos estudiantes y jóvenes de mi pueblo.


LA MÚSICA CHICHA
Paralelamente al auge del Rock, también se extendió con enorme fuerza la música chicha, que causó verdadero delirio entre adolescentes y jóvenes. Las radios difundían las canciones de populares agrupaciones como el Cuarteto Continental, Los Shapis, Grupo Maravilla, Los Chipis, Grupo Alegría, Los Biochipis, Chacalón y la Nueva Crema, entre otros.
La música chicha se convirtió en una expresión popular que reunía a multitudes. En Santiago de Chuco, los bailes organizados en el Teatro Municipal, con equipos estereofónicos, congregaban a numerosos estudiantes que acudían con entusiasmo para divertirse, bailar y compartir con los amigos. Aunque mi preferencia estaba más inclinada hacia el Rock and Pop, no podía permanecer ajeno al fenómeno musical que se vivía a mi alrededor.
LA MÚSICA ROCK EN ESPAÑOL
Cuando estaba terminando la secundaria comenzó a crecer con fuerza el Rock en español. Este nuevo movimiento musical caló profundamente en nuestro grupo de adolescentes, precisamente cuando nos encontrábamos terminando nuestros estudios y pensando en qué carrera seguiríamos en la universidad.
La música de grupos peruanos y extranjeros comenzó a escucharse en las emisoras locales y, especialmente, en Radio Panamericana. Entre los artistas que recuerdo están el grupo peruano Río y agrupaciones extranjeras como Soda Stereo, Los Prisioneros, Los Violadores, Indochina, Los Enanitos Verdes, Miguel Ríos, Miguel Mateos y Zas, Charly García y otros.
Esta música despertó en nosotros una enorme ilusión. Ya radicando en Trujillo, trataba de asistir a los conciertos de los artistas y grupos que llegaban a la llamada Ciudad de la Eterna Primavera. Para conseguir las entradas tenía que ahorrar el poco dinero que me enviaban mis padres, pero hacía el esfuerzo porque quería ver personalmente a mis ídolos musicales. Recuerdo aquellos conciertos como experiencias inolvidables, miles de jóvenes reunidos, cantando las mismas canciones, gritando y compartiendo una especie de energía colectiva difícil de explicar con palabras.


LA SALSA SENSUAL
Cuando ingresé a la universidad, llegó con fuerza la llamada salsa sensual, que tuvo una gran aceptación entre los jóvenes universitarios. Las letras románticas de sus canciones conquistaron a numerosos seguidores y comenzaron a escucharse prácticamente en todas las radios locales, especialmente en Radio Mar.
Recuerdo haber escuchado a Hildemaro, Eddie Santiago, el Grupo Niche, Willie Colón, así como a los peruanos Antonio Cartagena y Willie Rivera, entre otros. Estas preferencias musicales convivían con el Rock alternativo de artistas peruanos como Gian Marco y Pedro Suárez-Vértiz, además del Rock internacional de los años noventa.
Sin embargo, la salsa sensual tenía un lugar privilegiado en las reuniones sociales, los bailes universitarios y las fiestas a las que asistíamos. Bastaban los primeros acordes para que la pista de baile se llenara y todos comenzáramos a compartir la misma alegría.

LA MÚSICA FOLKLÓRICA Y AYACUCHANA
Durante mis años universitarios también creció mi interés por la música folklórica. En las diferentes emisoras locales existían espacios dedicados a nuestra música andina, donde se difundían canciones de reconocidos grupos y artistas.
Escuchábamos a los grupos bolivianos Los Kjarkas y Proyección, así como al grupo peruano Savia Andina, entre otros. Estas melodías despertaban en mí un sentimiento especial, porque me acercaban nuevamente a nuestras raíces andinas y a los paisajes, costumbres y recuerdos de mi tierra.
También disfrutaba de la música ayacuchana interpretada por el Dúo Arguedas, Martina Portocarrero, Margot Palomino, Manuelcha Prado, Puquiano de Oro, Victoria de Ayacucho y otros destacados artistas. Aquellas canciones tenían una fuerza particular: hablaban del amor, de la tierra, de la nostalgia, de la vida del pueblo y de las esperanzas de nuestra gente.
LA MÚSICA REGGAE
Cuando estaba finalizando mis estudios universitarios comenzó a ganar fuerza el reggae, especialmente a través de la música de Bob Marley, cuya personalidad y canciones tuvieron una enorme influencia en los jóvenes de aquella época.
Su música transmitía mensajes de paz, libertad, amor y resistencia, acompañados por un ritmo que invitaba a escuchar y reflexionar. Junto con Bob Marley también escuchábamos a otros intérpretes que fueron ganando popularidad entre los jóvenes, como General y Vico C.
El reggae llegó en una etapa diferente de mi vida, cuando ya había recorrido diversos caminos musicales y comenzaba a mirar el mundo con otra perspectiva. Sus canciones se sumaron así a esa larga banda sonora que había acompañado mi niñez, mi adolescencia y mi juventud.
LA MÚSICA COMO MEMORIA DE MI VIDA
Durante mis años de estudiante escuché buena música, canciones con letras que me emocionaron y melodías que quedaron grabadas profundamente en mi memoria. Hoy, cuando vuelvo a escucharlas, ocurre algo maravilloso; por unos instantes, el tiempo parece detenerse y puedo regresar a aquellos años que creía lejanos.
Una canción puede devolvernos un rostro, una calle, una casa, una conversación, un amigo, un amor, una fiesta o simplemente una tarde cualquiera de nuestra juventud. Por eso trato de conservar y coleccionar la música que escuché durante mis diferentes etapas de estudiante. Cada canción es como una pequeña cápsula del tiempo que guarda una parte de mi historia.
Ahora comprendo que la música no solamente acompañó mi vida, también ayudó a construirla. Las canciones fueron testigos de mis alegrías, mis ilusiones, mis descubrimientos y también de mis momentos de nostalgia. Algunas melodías pertenecen a una época que ya no volverá, pero basta escucharlas nuevamente para que aquella época vuelva a vivir dentro de mí.
La música, quizá sea una de las maravillas, el tiempo puede llevarse los años, cambiar los lugares, alejar a las personas y transformar nuestras vidas, pero no siempre consigue borrar una melodía de nuestra memoria. Una canción puede permanecer dormida durante décadas y, al escuchar sus primeros acordes, abrir de pronto una puerta hacia el pasado. Y entonces vuelvo a ser aquel niño que escuchaba la radio en Santiago de Chuco, aquel adolescente que soñaba con el Rock and Pop y aquel joven universitario que asistía emocionado a los conciertos. Comprendo, finalmente, que mi vida también tiene una banda sonora, una colección de canciones que, más que música, son pedazos de mi propia historia.
(Fotos del FGC e Internet)
(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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