GLICERIO VÁSQUEZ OLIVARES “GLISHE”. EL AMIGO DE JUVENTUD DE LUIS DE LA PUENTE UCEDA
Dr. Javier Delgado Benites (*)
Glicerio Vásquez Olivares fue uno de aquellas personas nacidas en Santiago de Chuco cuya trayectoria personal y profesional estuvo estrechamente vinculada a la educación, la amistad y el amor por su tierra natal. Recordado cariñosamente por sus familiares y amigos como “Glishe”, compartió con Luis De la Puente Uceda años de juventud, estudios y experiencias que contribuyeron a forjar una amistad perdurable. Su historia forma parte de la memoria de aquellos paisanos que, desde sus años juveniles, cultivaron ideales, estrecharon lazos de compañerismo y dejaron huellas significativas en la historia de su pueblo.
Glicerio Vásquez Olivares nació en Santiago de Chuco, el 19 de diciembre de 1919. Fueron sus padres don Daniel Vásquez Pereda y doña Zoila Olivares Cordero. Realizó sus estudios primarios en la Escuela de Varones Nº 271, conocida como “Centro Viejo”, y cursó la secundaria en el Colegio San Nicolás de Huamachuco y en el Instituto Moderno de Trujillo. Posteriormente, se graduó como normalista urbano y estudió Derecho en la Universidad Nacional de Trujillo, donde culminó su formación jurídica.
Sus estudios universitarios y profesionales fueron sacrificados, pues vivía con un familiar en Salaverry. Desde ese lugar caminaba diariamente hasta la universidad, haciendo grandes esfuerzos para cumplir con sus responsabilidades académicas. Madrugaba a las cuatro de la mañana para llegar puntualmente a sus clases universitarias, demostrando así su perseverancia, disciplina y firme voluntad de superación.
La amistad entre Glicerio Vásquez y Luis De la Puente nació en Santiago de Chuco y se prolongó durante sus años de juventud en Trujillo. Glishe era siete años mayor que Lucho; sin embargo, la diferencia de edad no fue impedimento para que ambos cultivaran una estrecha relación de amistad y compañerismo. Compartieron experiencias vinculadas a su formación académica y destacaron por su dedicación al estudio, la disciplina y el interés por alcanzar una sólida preparación profesional.
Participó con muchos jóvenes liderados por Luis De la Puente en la fundación del grupo juvenil “Siete de Junio”, organización que posteriormente se convertiría en la Federación de Estudiantes Santiaguinos (FES). Desde esta agrupación, ambos jóvenes tomaron parte activa en diversas actividades culturales, deportivas y sociales, fortaleciendo los vínculos de compañerismo y amistad que los unían. Estas experiencias contribuyeron a consolidar su identificación con Santiago de Chuco y su compromiso con la juventud de su tierra natal.
Contrajo matrimonio con Rosa Infantes García, con quien tuvo a sus hijos Rocío, Filodamia (+), César Vásquez Infantes (virtual alcalde provincial de Santiago de Chuco), y Dante Vásquez Infantes. Asimismo, tuvo dos hijos mayores: Wilfredo Vásquez Méndez y Pilar Vásquez.
Su nieto, hijo Rocío Vásquez, quien radica en España, recuerda una anécdota relacionada con Luis De la Puente Uceda, transmitida en el ámbito familiar con el afecto y la espontaneidad propios de los recuerdos compartidos junto al fogón:
“Tú al lado de nuestro fogón, cubierto con tu poncho marrón ecuatoriano, y yo, en silencio, atento a tus relatos.
Me decías:
- Luis Felipe fue mi amigo y compañero. En horas de recreo, siempre los trujillanitos nos buscaban la pelea, y él nunca daba la cara; corría a un costado, con su pañuelo, a secarse el sudor del miedo. Y yo, como buen cotaíno, tenía que dar la talla y ponerme a pelear. En cada golpe, solía decir: ¿Te cansaste? ¡Éntrale, serranito bruto! Y así era, hasta que uno caía. Y luego, juntos, regresábamos a nuestras aulas.”
Esta evocación familiar nos acerca a una faceta espontánea y cotidiana de la amistad entre Glicerio Vásquez y Luis De la Puente. Más allá de sus estudios y actividades posteriores, esta anécdota nos permite imaginar las vivencias de aquellos jóvenes provincianos en Trujillo, sus momentos de camaradería y las experiencias que, con el paso de los años, se transformaron en recuerdos entrañables.
Glicerio Vásquez desarrolló su labor pedagógica como profesor de educación primaria en la Gran Unidad Escolar “José Faustino Sánchez Carrión” de Trujillo. Dedicó gran parte de su vida a la enseñanza y a la formación de numerosas promociones de escolares, dejando su aporte en la educación de niños y adolescentes. Después de una prolongada trayectoria profesional, alcanzó la jubilación, poniendo fin a una etapa de servicio marcada por su vocación docente.
Tras concluir su vida laboral, retornó a su lar natal, Santiago de Chuco, donde estableció su residencia familiar junto a sus hijos. En esta nueva etapa, mantuvo un estrecho vínculo con su tierra y, de manera especial, con Cotay, lugar al que profesaba un particular cariño. Se dedicó a diversas actividades, entre ellas el comercio, trayendo productos desde Ecuador, así como la agricultura. También fue un experimentado cazador, afición que le permitió mantener un contacto directo con la naturaleza, los campos y los paisajes rurales santiaguinos.
Mi tío Glicerio se distinguía por su carácter afable, su sinceridad y su trato espontáneo, cualidades que le permitieron ganarse el aprecio de quienes compartieron con él distintos momentos de la vida. Su cercanía, espíritu solidario y particular manera de relacionarse con las personas hicieron de él un hombre estimado dentro de su entorno familiar y social.
Dejó en Santiago de Chuco numerosas anécdotas y recuerdos imborrables que muchos todavía evocan con cariño. Su personalidad, sus ocurrencias y sus experiencias de juventud y de vida permanecen vivas en la memoria de quienes lo conocieron. Cada relato familiar constituye una forma de mantener presente su figura y de transmitir a las nuevas generaciones episodios de una vida vinculada a la historia cotidiana de nuestro pueblo.
Dos anécdotas de las muchas que tuvo de sus años juveniles.
Durante su estadía en Huamachuco como estudiante, con motivo de una excursión a la popular laguna de Sausacocha, realizó la hazaña de cruzarla a nado. Esta proeza despertó la admiración de sus compañeros y la población, que le brindó un apoteósico recibimiento, pues nadie más se había atrevido a realizar semejante travesía. Incluso sus condiscípulos de aquella época recordaban el acontecimiento con emotivas palabras, evocando la valentía y el espíritu aventurero que lo caracterizaba.
Otra de las anécdotas contadas por su hijo Dante que radica en España.
Cuando se disputaba el encuentro deportivo final entre los equipos Látigo Rojo, de Cochabuc, y Relámpago, de Cotay, para definir al campeón y obtengan la copa, los goles iban y venían de un arco al otro, hasta que ambos equipos quedaron empatados. El partido no había manera de determinar quién se llevaría la copa. En medio de aquella incertidumbre, Glicerio Vásquez cogió el trofeo, lo arrojó al suelo y lo aplastó.
- No hay premio para nadie.
Sacó su escopeta de caza, disparó al aire y exclamó con voz enérgica:
- ¡La bala escoge a su dueño!
En ese instante, la gente se alborotó; algunos se asustaron, mientras otros se jaraneaban de risa ante aquella inesperada ocurrencia, que puso fin al encuentro futbolístico de una manera insólita e inolvidable.
Falleció el 28 de enero de 2005, a los 85 años de edad, en la ciudad de Trujillo, donde sus restos fueron velados en la Casa del Maestro, rodeado del respeto y reconocimiento de quienes guardaban gratos recuerdos de su vida y trayectoria.
La vida de Glicerio Vásquez Olivares representa el testimonio de una generación de jóvenes que supo abrirse camino mediante el estudio, el trabajo y la perseverancia, sin perder el vínculo con sus raíces. Su amistad de juventud con Luis De la Puente Uceda constituye uno de los aspectos más significativos de su semblanza, pues nos permite acercarnos a los años formativos de ambos y recuperar vivencias que, de otro modo, podrían quedar relegadas al olvido.
Recordar a mi tío “Glishe” es también rendir homenaje a los hombres y mujeres que contribuyeron a forjar la memoria colectiva de Santiago de Chuco. Su trayectoria como educador, su amor por Cotay, sus experiencias personales y los recuerdos que dejó entre familiares y amigos forman parte del legado humano de nuestra santa tierra.
Sigue descansando en paz tío Glicerio. Saludos.
(Fotos del autor)
(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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