RECIBIMIENTO DEL AÑO NUEVO EN SANTIAGO DE CHUCO

Dr. Javier Delgado Benites (*)


El recibimiento del Año Nuevo en Santiago de Chuco era una ceremonia íntima y colectiva a la vez, donde el tiempo parecía detenerse para dar paso a la reflexión y la esperanza. Era un acto cargado de fe, respeto y responsabilidad, vivido en familia y compartido con todo el pueblo. Cada gesto, cada preparación y cada saludo tenían un profundo significado de renovación.

El recibimiento de un nuevo año en Santiago de Chuco era un acontecimiento familiar y de amistad, marcado por la meditación, la reflexión, la fe, el respeto y la esperanza en el futuro, ceremonioso hasta cierto punto, en el que participaba todo el pueblo.

En esencia, en mi familia este momento representaba gratitud por lo vivido y confianza en el nuevo ciclo que se iniciaba, buscando la alegría, la paz y la realización de los sueños.

Evoco mi niñez y mi permanencia en mi tierra, recordando cómo recibíamos el Año Nuevo en familia. El día 31 de diciembre, mi madre nos hacía ordenar las cosas, limpiar la casa, lavar la ropa e incluso bañarnos, para que el Nuevo Año nos encontrara con el hogar limpio, el cuerpo purificado y el espíritu dispuesto. Nos preparábamos con ropa limpia o ropa nueva que mis padres nos compraban especialmente para esa ocasión.

Por la noche, mi madre se esmeraba preparando un café de habas para compartir minutos antes de que terminará el año. Este café se servía en la mesa acompañado de bizcocho chancay, pan de yema, rosquitas y su ingrediente infaltable el delicioso chanchito al horno.

Al llegar el Nuevo Año, nos dábamos el abrazo y salíamos a ver la quema de los muñecos que los entusiastas vecinos encendían como símbolo de despedida del año viejo. Luego regresábamos a casa para descansar.

Al amanecer, mi madre nos llamaba para servirnos un reconfortante caldo de cabeza o de carnero, acompañado de papas amarillas sancochadas y su respectivo ají de rocoto molido en batán.

Después nos vestíamos con ropa limpia o nueva y salíamos a la calle para saludarnos con amigos y vecinos. Cada encuentro iba acompañado del deseo sincero de un feliz Año Nuevo, deseo que era siempre recíproco.

Al mediodía, mi madre preparaba un almuerzo especial que se asentaba con aloja o chicha, mientras en nuestro hogar reinaban la unión y el amor familiar.


El Año Nuevo llegaba como un amanecer tibio que abrazaba a todos por igual.
La casa limpia era el corazón dispuesto; la comida compartida, el lenguaje del amor.
Entre abrazos, fuego y comida humeantes, el tiempo renovaba sus promesas.
Y en cada saludo quedaba sembrada la esperanza, como semilla que espera la próxima lluvia.

 

(Foto de SCH)

 

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.

 

Textos que pueden ser reproducidos

citando autor y fuente

 

INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS Y HUMANIDADES

Celular: 943467062

E-mail: i2cyh@outlook.es

Lima – Chimbote – Trujillo

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

MARÍA MIÑANO BENITES. MAESTRA ABNEGADA DE SANTIAGO DE CHUCO

DON PEDRO AURORA EL SILBADOR DE LA VECINDAD EN SANTIAGO DE CHUCO

UN BREVE HOMENAJE A CENIN