LOS ENAMORADOS VESTÍAN EL PENITENTE EN SANTIAGO DE CHUCO
Dr. Javier Delgado Benites (*)
Mi
padre, en Semana Santa, en casa me relataba sobre los enamorados de su época
que vestían al penitente. En cada nudo de la túnica se escondía un secreto
susurro de amor no confesado, y que bajo el blanco del hábito caminaban
promesas que solo el silencio y la fe sabían guardar.
En
tiempos de antaño, era costumbre y tradición que los jóvenes enamorados
vistieran al penitente durante Semana Santa, una de las festividades más
importantes para la comunidad católica de Santiago de Chuco. Lo hacían con la
intención de llamar la atención de la enamorada o de su familia.
El
joven enamorado contrataba a una persona conocida en estos menesteres, quien ya
contaba con su vestimenta y su disciplina. Esta consistía en una túnica blanca,
con parte del cuerpo descubierto, semejante al penitente que recibía castigo
bajo la mirada del cura. El penitente, por lo general, tenía características
peculiares, era apuesto, de carácter fuerte y muchas veces pendenciero. No
caminaba solo; lo acompañaban una cuadrilla de seguidores que lo alentaban,
dirigidos por un líder que daba las órdenes.
El
enamorado asumía todos los gastos, el trago (pisco, ron, anisado o coñac), los
cigarros y la coca. Era todo un espectáculo popular. La gente salía a las
puertas de sus casas para ver pasar al penitente que, entre gritos y alboroto,
se azotaba con su disciplina avanzando hacia la casa de la pretendiente.
—¡Date,
date…! —ordenaba el que dirigía.
Y el penitente descargaba los disciplinazos en su espalda.
—¡Retro,
retro…! —volvía a gritar.
Entonces el penitente retrocedía, giraba y corría tras sus acompañantes,
quienes entre empujones y caídas formaban una escena de bullicio y desorden. En
medio de la algarabía se escuchaba el grito de “¡súrcale!”, que significaba
lanzar un disciplinazo a quien se cruzara.
Entre
idas y venidas, llegaban finalmente a la casa de la pretendiente. Allí, en la
puerta, el penitente se azotaba con la disciplina con más fuerza por la espalda,
mientras la multitud cantaba, gritaba, bebía y coqueaba, llamando la atención
de todo el vecindario.
Las
jóvenes salían a los balcones en las casas de segundo piso o entreabrían las puertas
en las casas de un piso para aguaitar u observar. Entonces descubrían que el
penitente estaba allí por ellas. Sabían que ese acto era una declaración
silenciosa de amor. Era cuestión de tiempo para que llegara el “sí”.
El
enamorado, desde la multitud, se conformaba con verla. A veces le hacía una
señal, y ella respondía con una leve sonrisa.
Luego
del espectáculo, el joven enamorado debía llevar al penitente al cementerio,
llegando exactamente a la medianoche. Allí tomaba una cruz de alguna tumba y
tenía la obligación de llevarla hasta la puerta de la iglesia.
Aquella
cruz, al amanecer, era señal para el pueblo, indicaba que la noche anterior
hubo penitente y que pronto habría compromiso o sacamiento. Al ver el nombre
del difunto, se avisaba a sus familiares, quienes recogían la cruz para
devolverla a su lugar en el cementerio.
Entre el polvo de las calles y el eco de los disciplinazos,
el amor se vestía de penitencia y caminaba oculto bajo la noche. Porque en
aquellos tiempos idos en Santiago de Chuco, querer no solo era sentir, sino
también sufrir en silencio, dejar huella en la piel y en la memoria del pueblo,
como una llama breve que ardía en la oscuridad y se volvía leyenda al amanecer.
(*)
Disciplina.
- Era un chicote de un metro de largo por quince centímetros de ancho
aproximadamente, consistía en hilos de piola en un extremo sujetado por un aro
y en el otro extremo cada hilo tenía en la punta una bolita de cera y de ahí
salía una uñita que al azotarse o chicotearse fuerte, al jalarlo se lastimaba y
se raspaba hasta sangrar. Al tirarse sonaba chac, chac… por el choque de las
bolitas.
(Foto del autor simulada con IA)
(*) Doctor en
educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador
del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del
Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos que pueden ser
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