ALFREDO FLORES CASTRO. AMIGO DE SIEMPRE, COMPAÑERO ETERNO

(Homenaje póstumo por su pronta partida al cielo, al cumplir 9 días)

Dr. Javier Delgado Benites (*)

Hay amistades que parecen eternas, como los cerros que rodean nuestro Santiago de Chuco, firmes ante el paso del tiempo. Son lazos que nacen sencillos, pero que con los años se vuelven raíces profundas en el alma. Así fue nuestra amistad, tejida entre caminos compartidos, risas juveniles y sueños que crecieron junto a nosotros. Hoy, aunque el viento de la vida haya cambiado su rumbo, quedan en el corazón las huellas imborrables de quien caminó a nuestro lado. Y en el silencio que deja su ausencia, florecen los recuerdos como un eco que nunca se apaga.
La partida de Alfredo Flores Castro, conocido con cariño como “Tachuela” o “Churre”, mi gran amigo, compañero de aula de la promoción 1985 “Javier Heraud” del Colegio Nacional César Vallejo de Santiago de Chuco, deja un vacío profundo en quienes tuvimos el privilegio de conocerlo. Compartimos no solo las aulas, sino también una amistad sincera que trascendió el tiempo y la distancia.
Conocí a Alfredo desde los años en que participábamos en campeonatos interescolares de primaria. Él defendía los colores del colegio César Vallejo, mientras yo jugaba por la escuelita La Parva de la Virgen. Aunque éramos rivales en la cancha, nació entre nosotros una amistad basada en el respeto y la admiración mutua, donde cada uno demostraba su talento y compromiso en el fútbol.
En 1981, cuando iniciamos nuestra etapa escolar en el colegio, fuimos compañeros en el primer año “B”. Allí se consolidó nuestra amistad, unida por el deporte, pues todo giraba en torno al fútbol. Así transcurrieron cinco años inolvidables, entre aulas, risas y sueños juveniles que el tiempo no logró borrar. Tachuela no solo fue un compañero de estudios, fue un hermano de vida con quien compartí innumerables anécdotas: desde partidos de fútbol, hasta noches aprendiendo música folclórica en casa de nuestro gran amigo Robert, las jornadas en la granja de agropecuaria, los “calientitos” para abrigar las noches y aquellos primeros amores en nuestra tierra.

En aquellos años de colegiales, cada momento tenía un significado especial. Las travesuras, las largas conversaciones y las vivencias propias de la juventud marcaron una etapa inolvidable. Alfredo destacaba por su carisma, su nobleza y esa alegría natural que contagiaba a todos, convirtiéndose en un amigo leal y sincero.
Uno de los recuerdos más entrañables es, sin duda, nuestra pasión por el fútbol. En la cancha, Alfredo brillaba con luz propia; su talento, entrega y habilidad lo hicieron merecedor del reconocimiento de todos como un gran futbolista. Más allá de su destreza, era su espíritu de equipo y entusiasmo lo que lo hacía grande, dejando huella en cada partido y siendo admirado como un verdadero ídolo por la afición de Santiago de Chuco.
Su estadía de veinte años en Estados Unidos nos distanció físicamente y por un tiempo perdimos comunicación. Sin embargo, con la llegada de la tecnología logramos reencontrarnos, aunque de manera esporádica, ya que cada uno estaba dedicado a sus responsabilidades. Más adelante, con su retorno al Perú, retomamos el contacto con mayor cercanía, unidos también por nuestra pasión por Alianza Lima. Cada partido era motivo de conversación por Messenger o Whatsapp, celebrando juntos cada gol con el mismo entusiasmo de siempre.
Al enterarme de su partida tan repentina, al encontrarme lejos sentí una profunda tristeza. He llorado la pérdida de un gran amigo y hermano. Vinieron a mi mente innumerables recuerdos con Robert, Fernandio, Shumager, Chayo, Vicharra y otros y también la impotencia de no haber podido estar presente en su despedida final. Sin embargo, me reconforta saber que compartimos una amistad verdadera y momentos que atesoraré por siempre. Tachuela vivirá en nuestros recuerdos, en nuestras reuniones de promoción y en cada historia que contemos sobre aquellos tiempos inolvidables.
Hasta siempre, Tachuela. Vives presente en mí y en todos nuestros compañeros con quienes compartimos los mejores momentos en Santiago de Chuco, Trujillo y Huacho. Tu legado de amistad, alegría y compañerismo permanecerá por siempre en nuestros corazones.
Tu recuerdo será como el sol que se oculta tras los cerros en nuestra tierra, pero vuelve a iluminar en cada amanecer, estimado amigo Alfredo; no se apaga, solo se transforma en luz permanente en nuestras vidas. Te has adelantado en el camino, pero tu risa, tu voz y tu esencia siguen latiendo en cada memoria compartida. La amistad verdadera no conoce despedidas, solo pausas en el tiempo. Y mientras exista alguien que te recuerde, seguirás viviendo en cada historia, en cada emoción y en cada latido que lleva tu nombre.
Descansa en paz, estimado amigo; tu recuerdo vivirá por siempre en nuestros corazones. Vuela alto, Tachuela, que tu amistad seguirá iluminando nuestras vidas.
Alfredo Flores Castro. ¡Presente…!
Tachuela. ¡Presente…!
¡Ahora y siempre!

(Fotos del autor)

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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