ENTRE PUNTADAS Y FE. LA VIDA DE HELÍ PAREDES EN SANTIAGO DE CHUCO

 

Dr. Javier Delgado Benites (*)

El año pasado a dos meses, antes de su fallecimiento, me encontraba en Santiago de Chuco. Al pasar por su casa, entré a saludarlo; sabía que su salud estaba delicada, pero lo encontré intentando arreglar unos zapatos, aún aferrado al oficio que había aprendido en los talleres de mi padre.
Sus manos, gastadas por el tiempo, seguían dialogando con el cuero, como si en cada puntada cosiera fragmentos de su propia vida. Y en ese silencioso empeño, parecía desafiar al ocaso, como un faro tenue que se resiste a apagarse.
Helí Paredes Valle nació en Santiago de Chuco el 10 de noviembre de 1929. Fueron sus padres Horacio Paredes y Rosa Valle Delgado. Fue primo de mi padre, Francisco Delgado Benites, quien, siendo mayor por cuatro años, le enseñó el oficio de zapatería cuando aún era joven. Este oficio lo ejerció de manera independiente, con mucha responsabilidad y dedicación. Fue un reconocido ensuelador de zapatos, destacando por la calidad de su trabajo, labor que mantuvo hasta el último día de su vida.
Fue evangélico y estableció su iglesia en su casa, donde ejerció la labor de pastor, dedicando su tiempo a predicar la palabra de Dios a sus hermanos asistentes y comprometidos.
Con el paso del tiempo, su iglesia creció en número de feligreses, lo que lo llevó a construir su templo en el barrio San Cristóbal, desde donde continuó guiando espiritualmente a su congregación.
Su liderazgo se caracterizó por la humildad, la constancia y el profundo compromiso con la fe. No solo impartía enseñanzas bíblicas, sino que también brindaba apoyo moral y espiritual a quienes lo necesitaban, convirtiéndose en un referente de esperanza para su comunidad. A través de su ejemplo de vida, fomentó valores como la solidaridad, el respeto y la unión entre sus seguidores. Su templo no solo fue un lugar de oración, sino también un espacio de encuentro y fortaleza espiritual para muchas familias.
Cuando iba a mi tierra, siempre lo visitaba para saludarlo, pues vivía cerca de casa, y pasar por su hogar era casi habitual. Entraba a su taller para saludarlo; a veces lo encontraba trabajando en sus zapatos, tocando su guitarra, leyendo su Biblia con la misma dedicación con la que cosía el cuero.
En el mes enero que visité mi tierra, sentí la ausencia de mi tío. Sabía que, por su edad, estaba delicado, pero me enteré de que había fallecido el día 4 de octubre de 2025, a la edad de 96 años.
He sentido una profunda nostalgia al no haberme enterado a tiempo de su partida, pero lo recordaré siempre, porque durante mis estancias en mi tierra visitaba nuestra casa con frecuencia, ya sea para entregar trabajos de zapatería de mi padre o simplemente para conversar; entre ellos existía una cercanía entrañable.
En algún rincón del infinito, sus manos seguirán tejiendo caminos de cuero y esperanza, mientras el cielo se convierte en su eterno taller. Allí, donde no existe el desgaste ni el tiempo, cada puntada será luz y cada zapato, un viaje sin retorno hacia la eternidad, como si su oficio, humilde y noble, hubiera sido siempre una forma secreta de acercarse a Dios.
Mi tío Helí Paredes descansa en paz en el cielo; estará junto a mi padre, haciendo zapatos para los ángeles. Quizá sus manos sigan cosiendo nubes, dejando huellas de ternura en los caminos del cielo. Y en cada puntada invisible, irá bordando eternidad, como quien transforma el trabajo en un susurro de luz.

(Foto del autor)

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
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