EULOGIO ÁVILA BENÍTES. LA LLAMA BREVE DEL TEATRO DE SANTIAGO DE CHUCO
(Homenaje póstumo al joven escritor y al cumplir 91 años de la publicación del El Huérfano)
Dr. Javier Delgado Benites (*)
Una llama temporal que ilumina intensamente antes de extinguirse, así fue la
vida de este joven escritor, cuya pluma temprana supo abrirse paso entre las
sombras del tiempo. Su voz, aún en formación, ya dejaba entrever la fuerza de
un espíritu creador que encontraba en el teatro un espacio para expresar las
emociones humanas más profundas. Fue como un brote en primavera que apenas
comenzaba a florecer cuando el destino, implacable, interrumpió su crecimiento.
Eulogio Ávila Benites, nació
en Santiago de Chuco, aproximadamente en 1915. Fue hijo del señor Idelso Ávila
Solórzano y de la señora Benigna Benites Rebaza. Era hermano del popular Vacañuñash,
vivió en el barrio Santa Mónica, su casa se mantienen todavía en pie.
Realizó sus estudios
primarios en su tierra natal y los secundarios en la ciudad de Huamachuco. Posteriormente,
ingresó a la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Trujillo, en
la especialidad de Letras. Cuando estaba por culminar su carrera profesional,
viajó a su tierra natal y asistió a un velorio. Al retornar a su domicilio, se
le apareció un misterioso bulto que no le permitió el paso, hecho que le causó
la muerte. Su fallecimiento, siendo aún muy joven, se atribuye a este suceso
fortuito que marcó profundamente la memoria colectiva de su pueblo.
A su corta edad escribió
un libro de teatro clásico titulado “El Huérfano”, publicado el 15 de abril de 1935. Este
drama consta de tres actos: el primero con 17 escenas, el segundo con 13 y el
tercero con 19 escenas. La obra fue escenificada en Santiago de Chuco en 1936
por el grupo cultural y social “El Obrero”, y posteriormente, en la década de
los años 80, por el grupo “Los Heraldos Negros”, dirigido por el poeta Gerardo
De Gracia, como actor Francisco Baca Benites y otros.
La obra “El Huérfano” se inscribe dentro de la tradición del teatro
clásico, evidenciando una estructura sólida y bien organizada en tres actos,
con un desarrollo progresivo del conflicto dramático. La división en numerosas
escenas permite un ritmo dinámico, donde se van revelando las tensiones
emocionales y sociales que rodean al personaje principal.
El tema central de la obra
gira en torno a la orfandad no solo como condición familiar, sino también como
símbolo de desamparo, soledad y búsqueda de identidad. A través del
protagonista, el autor explora sentimientos humanos universales como el
abandono, la injusticia y la necesidad de afecto, logrando conectar con la
sensibilidad del espectador. Esta carga emocional sugiere una mirada crítica
hacia las condiciones sociales de su tiempo.
Fue, sin duda, un joven
dramaturgo que mostró desde temprana edad una sensibilidad especial por las
letras y el arte escénico. En una época en que el acceso a la formación
académica era limitado, logró abrirse camino hasta la universidad, donde
cultivó su vocación literaria. Su obra “El Huérfano” revela no solo disciplina y estructura
dramática, sino también una profunda comprensión de los conflictos humanos, evidenciando
un talento que apenas comenzaba a florecer.
Su temprana y trágica
muerte truncó lo que prometía ser una trayectoria notable dentro del teatro
regional y, quizás, nacional. Haber dejado una sola obra publicada no disminuye
su valor; por el contrario, la convierte en un testimonio significativo de su
capacidad creativa. En sus páginas queda latente la voz de un autor joven, con
ideas vigorosas y una mirada sensible hacia la sociedad de su tiempo.
Cabe preguntarse, con
inevitable nostalgia, qué habría sido de su vida y su obra si el destino no
hubiese intervenido de manera tan abrupta. Probablemente habría consolidado una
carrera sólida como dramaturgo, aportando nuevas piezas teatrales y enriqueciendo
la literatura peruana. Su legado, aunque breve, deja una huella profunda y una
promesa inconclusa que aún resuena en la memoria cultural de su pueblo.
Su obra de teatro viene
hacer un eco que no se apaga en los cerros de Santiago de Chuco, permanece
suspendida en el tiempo, recordándonos que hay vidas que, aunque fugaces,
contienen la intensidad de lo eterno. Su palabra, única pero perdurable, sigue
siendo una chispa que invita a imaginar todo aquello que pudo haber sido y que,
en la memoria colectiva, continúa viviendo.
(Foto
simulada con IA)
(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado,
licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en
Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra,
docente universitario.
Textos que pueden ser reproducidos
citando autor y fuente
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