LAS CASAS DE ADOBE EN SANTIAGO DE CHUCO. VIVIENDA SALUDABLE Y SOSTENIBLE

Dr. Javier Delgado Benites (*)

 

En el Santiago de Chuco de antaño, las casas no solo se levantaban con manos, sino con memoria; cada adobe guardaba el aliento de la tierra y el pulso de generaciones que sabían escuchar al clima. Eran moradas que respiraban con el sol y descansaban con la noche, como si la propia naturaleza habitara en sus muros.

 

En Santiago de Chuco de mis tiempos vividos y anteriores, las construcciones estaban hechas de gruesas paredes de adobe que mantenían las casas frescas. Durante siglos, muchas viviendas en las regiones andinas del país se edificaron con este material, elaborado a partir de barro mezclado con paja y secado al sol.

 

En la construcción de las casas y edificios públicos de antaño se empleaban la piedra fraguada con barro, el adobe de tierra, la teja de arcilla, las maderas de aliso, eucalipto, maguey, carrizo, soguilla de penca y otros.

El trazo de la antiguo Santiago de Chuco fue de corte virreinal, con las calles largas sinuosas y empedradas, acorde con el relieve de su suelo. El estilo español se demuestra más en la distribución de los ambientes de las casas; en la totalidad de ellas había un portón o portada, seguido de un zaguán que comunica con un patio amplio a donde dan frente las habitaciones interiores, cocina, sala y dormitorios. En los corredores había poyos de adobe que servían para sentarse y poner las cosas.

Las fachadas de las casas de dos pisos tienen antepechos y balcones largos con balaustres de barandillas torneadas de diferentes modelos, tal como se aprecia en algunas casas cerca del perímetro de la plaza de armas.

 

La construcción de las casas de adobe que son muy anchas, esa masa de tierra posee una propiedad fundamental: absorbe el calor lentamente durante el día y lo libera de manera gradual por la noche. Esto permite que el interior de la vivienda se conserve más fresco durante las horas de mayor calor y más templado cuando cae la noche.

 

Por esta razón, antes de la aparición de los sistemas modernos de aire acondicionado, el adobe constituía una solución natural altamente eficaz para regular la temperatura dentro de las casas. Aún hoy, muchas viviendas tradicionales en las zonas rurales de Santiago de Chuco continúan utilizando este material por su capacidad para mantener ambientes frescos en climas cálidos y fríos.

 

El adobe no es solo barro endurecido, sino una sabiduría silenciosa que perdura en el tiempo, un diálogo entre el hombre y la tierra, donde cada pared resguarda el fresco abrazo del día y el tibio susurro de la noche. En sus grietas viajan historias antiguas, risas de niños y el eco de pasos que nunca se han ido del todo.

 

Bajo sus techos, el tiempo parece caminar más despacio, como si respetara la calma que nace de lo sencillo. Y es que el adobe, humilde y noble, sigue enseñando que la verdadera arquitectura no solo protege del clima, sino que también cobija el alma, guardando en su silencio el secreto de vivir en armonía con la naturaleza.

 

 

(Fotos del autor)

 

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.

 

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