MARTINA GORDILLO PELÁEZ, LA RITA DEL POETA CÉSAR VALLEJO

Dr. Javier Delgado Benites (*) 

En las calles antiguas de Santiago de Chuco donde el tiempo parece caminar descalzo, hay historias que no se borran, sino que se esconden en la memoria de los muros y en el susurro de quienes aún recuerdan. Así, entre la brisa andina y los ecos de un amor juvenil, se dibuja la figura de Martina Gordillo Peláez, como una sombra luminosa que alguna vez habitó el corazón del poeta César Vallejo.


Martina Gordillo Peláez nació en Santiago de Chuco. Era de contextura delgada, fina y muy hermosa; de mejillas sonrosadas, abundante cabellera que peinaba en largas y cuidadas trenzas, ojos castaños vivaces y un rostro de finos y sensuales rasgos. Vestía faldas de franela y delicados vestidos propios de su época.

 

Tuvo ocho hermanos. De padre y madre fueron: Josefina, Tulio, Próspero, Zoila y Martina Gordillo Peláez; y por parte materna: Santiago y Juan Alcántara Peláez, además de Josefina Zavala Peláez.

 

Martina vivía en la calle Cajabamba (ahora calle César Vallejo), en el barrio Santa Mónica, a media cuadra de su primera casa y a cuadra y media de la segunda vivienda de la familia Vallejo Mendoza. Fue vecina y casi contemporánea del poeta César Vallejo, con quien mantuvo una relación amorosa en su juventud.

 

En aquellos años, Martina, joven y hermosa, fue la enamorada del poeta. Conservaba fotografías y cartas que él le enviaba, guardadas celosamente en un sobre dentro de un baúl. Cuando Vallejo viajó a Trujillo y luego a Lima con el propósito de continuar sus estudios universitarios y trabajar, ambos continuaron comunicándose con frecuencia.

 

Sin embargo, tras la partida definitiva del poeta a París, Martina se comprometió con el señor Ismael Vásquez, quien fue profesor en Chuca. De esta relación nació su hijo Jorge Vásquez Gordillo, quien posteriormente tuvo una hija con la señora Yolanda Cuba: Alicia Vásquez Cuba.

 

En una visita realizada en febrero de 2024 a Santiago de Chuco, conversé con Alicia Vásquez Cuba quien me relató:

-      Cuando yo tenía aproximadamente diez años (alrededor de 1970), visitaba a mi abuelita Martina, que entonces tenía 80 años a más. Era bajita, de ojos claros, tez blanca y rasgos finos. Vivía en la calle Cajabamba, la misma calle donde vivían los padres de Vallejo, aunque en otra cuadra; también tenía otra casa frente a la Caja de Depósitos y Consignaciones (hoy en el barrio Santa Mónica).

-      Mi abuelita me decía reiteradamente: “Yo he sido el amor de mi Cesítar”.

-      Yo le preguntaba: “¿Quién es Cesítar?”

-      “Es el poeta Vallejo, ahora famoso. Él me llamaba Rita, no Martina. Tenía cartas y fotografías suyas, que guardaba como reliquias, pero cuando me comprometí con Ismael, por celos, las destruyó. Cuando quise buscarlas, ya no estaban”.

 

También la musa de Vallejo recordaba:

-      “Yo lo he cuidado, le lavaba su ropa y le planchaba sus camisas almidonadas para que vistiera elegante. Cuando estaba en París, me escribía cartas que su hermana Aguedita me hacía llegar. Don Gilberto Santa María, que tenía tienda, conocía nuestro romance. Cuando Vallejo llegaba de vacaciones, me avisaba: ‘Martinita, ha llegado tu galán’. Y yo respondía: ‘No cualquier galán’. Iba a verlo cuando llegaba a caballo, y lo amarraba cerca de su casa”.

 

Años después, ya Alicia siendo joven y ejerciendo como profesora, se encontró con la señora Agustina Reyna Rebaza, contemporánea de Martina, quien vendía pan y chicha en el barrio Santa Mónica. Sin que Alicia lo mencionara, Agustina le dijo:

-      “Tu abuelita fue muy simpática, la enamorada del poeta César Vallejo. Incluso venían aquí a compartir. Yo los atendía bien”.

 

Este testimonio sorprendió a Alicia, pues confirmaba lo que su abuela le había contado en su niñez.

 

Este relato fue transmitido por Alicia Vásquez Cuba, profesora jubilada, en una conversación sostenida en mi tierra natal de Santiago de Chuco.

 

Así mismo, el escritor Francisco Izquierdo Ríos visitó Santiago de Chuco en 1972 y recogió el testimonio de Martina Gordillo Peláez, quien afirmó haber sido “Rita”, la musa del autor de Trilce. Este testimonio fue publicado en 1973 en su obra César Vallejo y su tierra.

 

Entre recuerdos que se resisten a desaparecer y voces que aún laten en la memoria de un pueblo, la historia de Martina la musa de Vallejo permanece como una llama tenue pero persistente. Tal vez nunca se sabrá con certeza cuánto de verdad y cuánto de nostalgia habita en sus palabras, pero en el fondo, como los versos de Vallejo, su historia sigue viva; suspendida entre el amor, la ausencia y ese misterio profundo donde el tiempo no logra apagar lo que alguna vez ardió en el corazón.

 

(Foto del autor con uso de la IA)

 

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.

 

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