EL APÓSTOL SANTIAGO VIENE A SU FIESTA ENOJADO
Dr. Javier Delgado Benites (*)
El último fin de semana regresé a mi querido Santiago de Chuco. La tarde del sábado salí de mi casa mientras el sol iluminaba con claridad el pueblo y un viento persistente recorría las calles, haciendo vibrar las calaminas de las viviendas vecinas. Al llegar a la esquina, observé a cuatro señoras, varias de ellas de avanzada edad, que conversaban tranquilamente sentadas junto a la casa de mis abuelos paternos, como si el tiempo se hubiera detenido en aquel rincón del pueblo.
Me acerqué a saludarlas y, después de intercambiar algunas palabras, una de ellas comentó:
¡Qué frío y qué viento fuerte está haciendo!
Otra señora respondió con la serenidad que solo da la experiencia:
Es que el Apóstol está viniendo a su fiesta enojado. Cuando sopla un viento tan fuerte y el frío cala los huesos, mis padres decían que el Apóstol Santiago viene a su fiesta muy enojado.
Interesado por aquella afirmación, le pregunté:
¿Y por qué vendrá enojado?
La anciana, sin perder la mirada en el horizonte, contestó:
Será por tanta maldad que hay ahora entre la gente.
Otra de las presentes intervino enseguida:
Y también por la corrupción que existe en la alcaldía. Las autoridades, en lugar de servir al pueblo, solo piensan en su bolsillo.
La primera señora confirmó lentamente y concluyó:
Eso no le gusta al Apóstol. No quiere que en su pueblo exista corrupción, injusticia ni abuso. Él viene para recordar que un pueblo solo prospera cuando sus autoridades y sus habitantes actúan con honestidad y con temor a Dios.
Mientras las escuché al grupo de señoras, comprendí que aquellas palabras no eran solo una antigua creencia popular. Eran una forma sencilla, nacida de la sabiduría del pueblo, de explicar que la naturaleza también parece expresar el sentir de una colectividad.
Luego me despedí de ellas y caminé en dirección al mirador de La Parva de la Virgen. Desde allí contemplé el paisaje, que poco a poco iba adquiriendo un tono ambarino bajo la luz de la tarde. Bastó aquella conversación para invitarme a una profunda reflexión.
En las palabras de aquellas señoras no solo habitaba una antigua creencia, transmitida de generación en generación, sino también una sincera preocupación por el presente de Santiago de Chuco. Para ellas, el fuerte viento y el intenso frío no eran simples manifestaciones de la naturaleza; simbolizaban el sentir del Apóstol Santiago frente a las injusticias, la corrupción y el progresivo deterioro de los valores que, en otros tiempos, distinguían al pueblo.
Intuí entonces que la sabiduría popular suele expresar, a través de símbolos y metáforas, aquello que una comunidad siente, pero que muchas veces no se atreve a manifestar abiertamente. Quizá el verdadero mensaje del Patrón del Pueblo no sea su enojo, sino un llamado de conciencia para recuperar la honestidad, la solidaridad y el profundo amor por la tierra que nos vio nacer. Solo así, cuando nuestras acciones vuelvan a estar guiadas por esos principios, el viento dejará de anunciar descontento y volverá a ser el aliento sereno que acaricia las calles de mi querido Santiago de Chuco.
Santiago de Chuco, 29 de junio del 2026
(Foto del autor)
(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos que pueden ser reproducidos
citando autor y fuente
INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS Y HUMANIDADES
Celular: 943467062
E-mail: i2cyh@outlook.es
Lima – Chimbote – Trujillo

Comentarios
Publicar un comentario