FELIPE BENITES PEREDA DEVOTO DEL APÓSTOL SANTIAGO “EL MAYOR”
(Homenaje al cumplir se seis meses de su sensible fallecimiento)
Dr. Javier Delgado Benites (*)
Felipe Benites Pereda, aquel otrora sindicalista siderúrgico, natural de Santiago de Chuco, llegó a vivir a Chimbote en el año 1951 con su esposa y sus tres hijos. Lo que no pudo olvidar de su tierra natal fue la fe al Apóstol Santiago “El Mayor”.
Todo santiagochuquino crece en su pueblo con fe al Patrón, desde niños los padres o los mayores inculcan a creer en el Apóstol y así fue Felipe Benites un devoto incondicional, todos los años asistía a su fiesta de julio, hacía todo lo posible de estar presente para rendirle pleitesía.
En Chimbote, trabajaba en SiderPerú donde llegó a ser dirigente sindical por muchos años, dejando bien en alto el nombre de su lar natal, ser firme en sus ideales, convicción gremial y honesto.
Trabajando en SiderPerú, sus vacaciones lo programaba para salir en julio porque en ese mes tenía que viajar a su fiesta e ir a venerar al Apóstol Santiago, su fe fue inquebrantable, dejaba todo por estar en la primera fiesta. La mayor parte viajaba solo, en algunas veces lo acompañaba su esposa Regina Vásquez o alguno de sus hijos.
Su esposa ya sabia que a partir del 15 de julio tenía que ir alistando su maleta para que viaje donde asignaba su ropa que tenia que usar los tres días principales de fiesta (23, 24 y 25 de julio), justamente ese día 15 se daba inicio a la fiesta con la parada de bandera y que duraba veinte días hasta el 02 de agosto, se celebraba primera y segunda fiesta u octava.
Acostumbraba a viajar los 18 de julio con destino directo a Cachicadán en aquel lugar disfrutaba de sus aguas termales y medicinales, gozaba la belleza de su paisaje natural hasta el día 22 de julio, luego retornaba a su tierra ese mismo día en la tarde, siempre llegaba a la casa de su hermana Aurora, mi madre, quien ella ya le tenia su habitación lista para que se hospede el tiempo necesario. Acondicionaba sus cosas y lo primero que hacia era ir al templo a saludar a su Patrón, agradecerle por el bien que lo ha hecho llegar, le rezaba una oración y retornaba a su casa de su hermana a conversar y compartir gratos momentos familiares.
El día 23 era el Alba de la fiesta, asistía a todos los acontecimientos realizados, miraba cuando traían al Apóstol desde Cunguay al son de las mojigangas Pallos, Kiyayas, Turcos y otros. Al llegar al templo, se daba inicio a la bajada del Apóstol, con los cantos de los negritos. En la noche gozaba el baile en la Plaza de Armas y la quema de los juegos artificiales.
El día 24 era las Doce, bailaba al son de los Pallos que lo rodeaban para ponerlo punto y a la vez gozaba del concurso de mojigangas y en la noche el concurso de bandas de músicos y la luminaria de juegos artificiales.
El día 25 era el día Central, temprano asistía a la misa, vestido con su terno impecable, era uno de los asistentes en ocupar las primeras filas, terminada el acto litúrgico iniciaba la procesión que salía del templo a las 11:00 a.m. y terminaba a las 7:00 de la noche, todo el recorrido estaba presente, de rato en rato cargaba el anda, que lucía su capa radiante el Apóstol acompañado por la banda de músicos que se turnaban su recorrido que tocaban al son marchas marciales, la multitudinaria gente devota y la variedad de mojigangas que bailan sin descansar con trajes multicolores alegraban el recorrido.
Durante esos días de festividad aprovechaba de poner su cirio en los candelabros, compraba el más caro, y colocaba en su capa del Apóstol su limosna la cual constaba de un billete de mayor valor y los últimos años lo depositaba en sus alcancías que había en la iglesia. También se encontraba con sus familiares, amigos, que se encontraban después de muchos años, disfrutaba de su comida, de su chicha, asentando al fin con una cerveza. En la noche brindaba con un calientito o pirigalla, para soportar el frio, hasta la quema de los juegos artificiales.
Eran días intensos que lo pasaba muy bien a lado de su familia, hermanos y en su tierra, lo disfrutaba con algarabía hasta el día que decidía retornar a Chimbote, siempre acostumbraba viajar 27 de julio para llegar a pasar fiestas patrias con su esposa e hijos. Traía consigo sus estampitas del Patrón y su delicioso pan para compartir con su familia.
Se despedía de su Apóstol, pidiéndole muchas bendiciones y que derrame misericordia para él y su familia, para que el otro año lo salud para conceda regresar con bien para gozar su fiesta.
También colaboraba con los comités de barrio que organizaban la fiesta, donando dinero o algo especial que lo solicitaban, por la devoción al Santo Patrón y a su tierra natal.
Estos últimos años, aproximadamente como cuatro años que ya no retorna porque el clima no lo era favorable para su salud, pero siempre estaba pendiente de ello, imaginaba los acontecimientos que se realizaba esos días.
Así fue la fe inquebrantable que el sindicalista le tuvo al Apóstol Santiago “El Mayor” y eso reflejaba en su casa de Chimbote, tenía sus estampas en su dormitorio, algunas en sus recuadros a lado de su cama y uno grande en su sala. Todas las mañanas al levantarse, lo primero que así acercarse al recuadro grande del Apóstol, lo hacía una cruz y le agradecía por haber iniciado el día con bien.
Su fe al Apóstol era intensa, recuerdo que alzaba sus manos y le agradecía por algo bien: “Gracias Apóstol Santiago, por todo lo que me das, salud, vivir bien, me prevés todo y que mis hijos le vaya bien”.
(*) Investigador del Instituto de Investigacion en Ciencias y Humanidades y miembro
del Movimiento Capuli Vallejo y su Tierra.

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