EL DR. CARLOS E. UCEDA MEZA. PIONERO DEL VOTO DE LA MUJER EN EL PERÚ

Dr. Javier Delgado Benites (*)

 

El maestro de Santiago de Chuco, hombre visionario que comprendió que una patria verdaderamente libre y justa solo podía edificarse cuando la mujer tuviera también el derecho de participar en las decisiones de la nación. Su pensamiento fue como una antorcha encendida en medio de una época dominada por prejuicios y resistencias, iluminando el camino hacia una sociedad más democrática y humana.

 

El Dr. Carlos E. Uceda Meza nació el 04 de noviembre de 1874 en Santiago de Chuco. Fueron sus padres Don Pablo Uceda y la señora Emilia Meza. Hizo sus estudios primarios en su tierra natal y los secundarios en el colegio San Nicolás de Huamachuco y San Juan de Trujillo. Estudio Letras y Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de La Libertad, Trujillo, graduándose de Abogado; centrando su vocación por la Historia, la Filosofía y la Pedagogía.

 

Fue un connotado educador junto a su hermano Santiago Uceda Meza, creador del prestigioso colegio Instituto Moderno, primer plantel particular de educación secundaria del norte peruano. En calidad de director, dentro de su plana docente contó con científicos europeos liderados por el posteriormente reconocido sabio polaco-alemán Vladimir de Korab.

 

Fue además catedrático universitario y maestro de notables personajes como el filósofo Antenor Orrego, el político Víctor Raúl Haya de la Torre y el célebre poeta César Vallejo Mendoza. Asimismo, desempeñó importantes cargos públicos, fue vocal de la Corte Superior de Justicia de La Libertad, rector de la Universidad Nacional de Trujillo y representante en el parlamento durante dos periodos legislativos representando a La Libertad, el primero período (1913 - 1918) y segundo periodo (1931 - 1936).

 


En este último periodo fue un tenaz propulsor de un proyecto para la Constitución de 1933, aspirando a que la mujer peruana tuviera derecho a votar en las elecciones nacionales, en una época en que predominaban ideas conservadoras y excluyentes sobre la participación de la mujer en la vida política del país. Su voz se alzó como una expresión adelantada a su tiempo, defendiendo el principio de igualdad y reconociendo la capacidad cívica e intelectual de la mujer peruana para intervenir en los destinos de la patria.

 

Tras encendidos debates parlamentarios, la mayoría de congresistas rechazó la ponencia, cerrando momentáneamente las puertas a aquella histórica aspiración democrática. La amarga derrota afectó intensamente al Dr. Uceda, quien, según se recuerda, sufrió un derrame cerebral que posteriormente le causó la muerte el 26 de febrero de 1932 en Lima, a la edad de 56 años, no culminando su periodo legislativo. Su desaparición estuvo rodeada por la tristeza y el desencanto de ver frustrado un ideal que consideraba justo y necesario para el progreso del Perú.

 

Aunque aquella aspiración no logró concretarse plenamente en ese momento histórico, dejó sembrada una semilla de justicia y reivindicación democrática que años más tarde florecería con el reconocimiento del sufragio femenino en el Perú. Su actitud perseverante reflejaba el espíritu de aquellos hombres que comprendieron que una nación no puede caminar completa mientras una parte de su pueblo permanezca silenciada. Así, su participación quedó inscrita como un antecedente valioso en la larga lucha por los derechos ciudadanos de la mujer peruana.

 

Posteriormente, el tiempo terminaría dando razón a su lucha. Años después, el sufragio de la mujer sería finalmente reconocido, convirtiendo aquel esfuerzo aparentemente derrotado en una semilla fecunda de cambio social. De esta manera, la figura del Dr. Carlos E. Uceda Meza permanece ligada a la memoria de quienes abrieron camino, aun a costa de sacrificios personales, para que la mujer peruana alcanzara el pleno ejercicio de sus derechos ciudadanos.

 

En la tierra de Poetas la lluvia silenciosa fecunda los campos para que más adelante broten los frutos, del mismo modo las ideas sembradas por hombres visionarios como Uceda Meza germinaron con el paso del tiempo en la conciencia democrática del Perú. Su lucha no fue estéril, quedó viva en cada mujer que años después acudió libremente a las urnas para ejercer un derecho que antes le había sido negado. Su memoria perdura como símbolo de dignidad, justicia y esperanza, recordándonos que las grandes transformaciones de los pueblos nacen primero en el corazón valiente de quienes se atreven a desafiar la injusticia.

 

 

(Fotos del autor)

 

(*) Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación, investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades, directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.

 

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