LA DONACIÓN DE VACAS, TRADICIÓN DE LA FIESTA PATRONAL DE SANTIAGO DE CHUCO
Dr. Javier Delgado Benites (*)
La donación de vacas y otros animales vivos durante la festividad de julio ha sido, desde hace muchos años, una expresión de fe y devoción de los fieles hacia el Santo Patrón. Tradicionalmente, estas donaciones se entregaban a los mayordomos, quienes eran personas o familias que asumían la organización y los gastos de la festividad. A partir de mediados de la década de 1980, esta responsabilidad dejó de recaer en los mayordomos particulares y pasó a ser asumida por los cuatro barrios del pueblo, los cuales, desde entonces, cada año se encargan cada barrio de la organización de la fiesta patronal.
La persona que dona una
vaca lo hace como una expresión de su profunda fe y devoción al Apóstol
Santiago "El
Mayor". En reconocimiento a este gesto de generosidad,
el nombre del donante es consignado en el programa oficial de la fiesta
patronal. Tradicionalmente, la donación consiste en entregar el animal vivo,
algunos días antes de la celebración central, en la casa del mayordomo, quien
lo recibía como parte de las ofrendas destinadas a la festividad. En la
actualidad, con la organización de la fiesta a cargo de los barrios, la entrega
se realiza en la casa barrial correspondiente.
Esta costumbre simbolizaba no solo el
cumplimiento de una promesa de fe, sino también el compromiso del devoto con
las tradiciones de su pueblo y con el éxito de la festividad patronal. La
donación era recibida con gratitud y respeto, pues constituía un valioso aporte
para la atención de los invitados, bandas de músicos, de las mojigangas y del
público en general, para el desarrollo de las diferentes actividades
programadas durante la celebración.
En los últimos años, la
donación de una vaca y el paseo respectivo, este último se ha convertido en una
tradición que no es propia del pueblo, sino que ha sido incorporada desde
algunos pueblos vecinos. Los donantes de vacas, junto con sus familias, amigos
y allegados, organizan un vistoso recorrido por las calles del pueblo llevando
la vaca adornada. Durante el desfile suelen hacer algunos alardes de su
solvencia económica, contratando bandas de músicos y motocicletas de carga o
moto taxi repletas de cajas de cerveza.
A lo largo del
recorrido, los participantes bailan con entusiasmo y, en medio de la euforia,
arrojan cerveza a quienes los acompañan. Para muchos, esta manifestación
representa una alegría desbordante y una forma de celebrar la festividad; sin
embargo, para parte del público que observa el desfile resulta incómodo, pues
con frecuencia terminan mojados, incluso cuando visten sus mejores galas para
la ocasión.
A pesar de ello, la fiesta continúa con el fervor característico de estas celebraciones. Este paseo de la vaca se realiza el 23 de julio, desde las 9 ó 10 de la mañana hasta el mediodía. Concluido el recorrido, el donante conduce la vaca hasta la casa de la mayordomía para cumplir con la promesa ofrecida, entregándola como muestra de devoción al Patrón del Pueblo, con la esperanza de honrarlo y recibir sus bendiciones, siendo recepcionados por los encargados de la mayordomía.
Sin embargo, en los ÚLTIMOS
AÑOS se viene observando una práctica que desvirtúa el verdadero sentido de
esta tradición. En algunos casos, los donantes realizan el paseo de la vaca y
organizan toda la celebración con sus familiares y amigos; pero, al concluir el
recorrido, ya no conducen el animal vivo a la casa de la mayordomía. En su
lugar, lo llevan a su propia casa, donde es sacrificado, y posteriormente
entregan a la mayordomía solo una parte de la carne, ya sea la mitad del
animal, una pierna o un brazo.
Esta forma de proceder rompe con la costumbre tradicional y puede interpretarse como una falta de respeto hacia la mayordomía y hacia el compromiso de fe y devoción asumido con el Apóstol Santiago. La promesa consiste en donar una vaca viva; por ello, el nombre del donante figura en el programa oficial de la festividad como oferente de una vaca completa, y no de una parte de ella o de determinada cantidad de carne. En consecuencia, el ofrecimiento debe cumplirse tal como fue prometido.
Por ello, resulta necesario preservar esta
tradición en su auténtico sentido. Quien se compromete a donar una vaca debe
cumplir íntegramente con su promesa; pasearla durante la festividad y, una vez
concluido el recorrido, entregarla viva a la mayordomía, tal como lo establece
la costumbre heredada de generación en generación. Solo así se mantiene el
respeto por la tradición, por la palabra empeñada y por la devoción al Patrón
del Pueblo.
Según la creencia popular
y la profunda fe de los devotos, quien incumple una promesa hecha al Apóstol
Santiago "El Mayor" deberá asumir las consecuencias espirituales que
ello implica, pues se considera que ha faltado a la palabra empeñada al Santo
Patrón durante su festividad. Para los creyentes, honrar una promesa constituye
un acto de gratitud, respeto y fidelidad hacia el Apóstol, cuya protección y
bendición se invocan con sincera devoción.
(Fotos del autor)
(*)
Doctor en educación, ingeniero químico, abogado, licenciado en educación,
investigador del Instituto de Investigación en Ciencias y Humanidades,
directivo del Movimiento Capulí, Vallejo y su Tierra, docente universitario.
Textos
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